miércoles, 10 de febrero de 2016

Editorial: Hillary Clinton candidata a la Casa Blanca.


Hace dos semanas que se inició el proceso de elecciones primarias en los dos partidos del espectro político de EEUU para seleccionar de entre sus filas quienes se enfrentarán por la Casa Blanca en noviembre de este año. 
Barack Obama concluye su segundo mandato lo que hace que este año las primarias sean de máximo interés en ambos partidos. Hace meses que la veda se abrió con los sucesivos anuncios de candidatura. 
Del lado Demócrata la lucha parece estar centrada en dos candidatos, el "socialista" Senador por Vermont, Bernie Sanders, y la no menos veterana, ex secretaria de Estado, ex senadora de New York y ex primera dama de los EEUU Hillary Clinton. 
Del lado republicano la lista de candidatos es más larga y, aunque al finales de verano se pensaba que Jeb Bush iba a tener un paseo triunfal hasta la nominación y así se reflejó en una recaudación de fondos récord, le salió un contendiente nada convencional: Donald Trump. 
Desde entonces la estela de Bush ha ido decayendo a medida que la atención mediática de Trump ascendía, acabando con el fetichismo político de volver a ver una confrontación Clinton/Bush.
No obstante, el campo en el Partido Republicano es más prolijo, ya que ambos se les fue uniendo las estrellas hispanas de Ted Cruz y Marco Rubio (antiguo protegido de Bush) sumando media docena más de candidaturas menores como la del libertario Rand Paul que toma el testigo de su padre, Ron Paul, en un vano intento de marcar algunos temas de campaña. 
New Hampshire será la prueba de fuego para muchas de las candidaturas que se han tornado menores en el seno del GOP. Quién iba a pensar que JEB o Christie que, como moderados, eran quienes podrían batir a Hillary en noviembre se hayan tornado en candidaturas menores en comparación con los neofitos de Cruz o Rubio o el excéntrico Trump. Si no consiguen al menos una tercera posición ya pueden irse olvidando de la nominación, máxime si tenemos en cuenta que New Hampshire tiene el votante republicano más moderado y más si nos fijamos que la recaudación va aparejada con el historial de las primarias.
Pero un tercer factor se ha sumado a la carrera por la presidencia aunque haya sido de manera tangencial. Michael Bloomberg, el magnate de la bolsa y las comunicaciones que fue durante años el popular alcalde de Nueva York, ha amenazado con presentar su candidatura si Hillary Clinton queda desbancada por Bernie Sanders. Y es que la única opción para que los demócratas conserven la Casa Blanca reside en Hillary. Sanders tiene buenas ideas y programas, de presentarse por el SPD a canciller alemán. Pero seamos serios, en unas elecciones generales en Estados Unidos tiene nulas posibilidades, como mucho ganaría en su estado, Vermont, cosechando una derrota semejante a la de Walter Mondale en 1984.
De hecho hay algo que candidatos tan opuestos como Sanders y Trump tienen en común y es el perfil de votantes. Mayoritariamente varones blancos de clase trabajadora que han visto como la mundialización ha acabado con los trabajos industriales tradicionales. Como era de prever, en el liberal estado del nordeste Sanders ha hecho con la victoria demócrata. Pero en cuanto se empiece a votar en estados más diversos y donde hispanos y afroamericanos tengan más peso, parece que su destino está sentenciado. Ahora tocan Nevada y Carolina del Sur donde los porcentajes de las minorías afroamericanas e hispanas ascienden a un tercio de la población, constituyendo un reflejo más fiel de la sociedad estadounidense que Iowa y NH donde la población blanca asciende del 90%. 
No obstante no está de más ser justo con Sanders, que se ha metido en la carrera presidencial para marcar el debate del "paseo triunfal" de Hillary. Pero dejémoslo ahí, porque sería un suicidio para los demócratas nominar a alguien tan veterano y tan escorado a la izquierda.  
Por tanto, como viene siendo habitual en la prensa anglosajona de la que está humilde bitácora se hace eco e imita, pido abiertamente el apoyo para Hillary Clinton como la mejor y única opción que tienen los Demócratas de conservar la Casa Blanca.