domingo, 5 de julio de 2015

Al borde del abismo


Los sucesivos gobiernos griegos desde el socialdemócrata PASOK hasta el conservador Nueva Democracia han terminado de conducir a Grecia a la bancarrota. Y digo terminaron de conducir porque la enconada situación en la que se encuentra la república helénica no se puede explicar solo retrotrayéndonos quince o venite años.
Probablemente estemos ante el único Estado fallido o inconcluso de la Europa Comunitaria. No pocos comentaristas han hecho referencia a la deuda que occidente tiene con la Hélade por la introducción del sistema democrático. Pero la historia de la Grecia independiente poco tiene que ver con la democracia. La carencia de la tradición democrática del moderno Estado Griego va pareja con muchos de los países de la Europa del sur, lo que más llama la atención es que el proceso de formación de un Estado moderno también se ha quedado en el tintero de la república helénica.
El economista Joseph Stiglitz que hace poco pedía en NO en el referéndum griego y tiraba de las orejas a Europa por olvidarse de la enorme deuda que el continente tiene con la pequeña república. Me temo que Stiglitz debe repasar los libros de historia. Porque el sistema democrático actual más debe al parlamentarismo británico o la ilustración francesa que a la democracia ateniense. Un sistema donde menos del 20% de la probación masculina tenía derecho a participar de los asuntos de la Polis. Stiglitz parece olvidar que sólo los hombres adultos hijos de padre y madre ateniense que hubieren cumplido el servicio militar podía ostentar el honor de ser ciudadano, Las mujeres, extranjeros (metecos) y esclavos, porque sí señor Stiglitz, estamos ante una sociedad esclavista, obviamente estaban desprovisto de cualquier derecho político.
También parece olvidar el economista del FT que el poderío Ateniense se basaba en un próspero comercio cuya base era la enorme estabilidad de la moneda ateniense. El Dracma ateniense fue una de las monedas de referencia en el Mediterráneo oriental debido a la estabilidad de su pureza. No en vano algunos historiadores sostienen que las treinta monedas que recibió Judas por delatar a su Señor eran tetradracmas de Tiro. Pero aquí concluyen las semejanzas entre la historia de la Grecia clásica y la actual república helénica.
Al igual que España, la Grecia moderna ha pasado por un periplo de revoluciones liberales inconclusas, regímenes monárquicos conservadores y hasta una guerra civil que, con el paso del tiempo, terminó en un golpe de Estado y la dictadura de los coroneles. Pero al contrario que los distintos regímenes de la España contemporánea, el devenir griego no estuvo acompañado por la construcción de un Estado moderno. La construcción y ampliación del Estado griego estuvo marcada por una eterna rivalidad con su antiguo dominador: el Imperio Otomano. La esperanza decimonónica de alzarse con una gran Hélade que comprendiese no solo las islas turcas del Egeo sino, incluso, la ilusión de hacerse con Constantinopla marcaron el siglo XIX griego. De hecho, tras la I Guerra Mundial los griegos se hicieron con el control de zonas de Anatolia occidental y las islas hasta la revolución kemalista que, tras una guerra exitosa, renegoció los tratados en Lausana en 1922 recuperándolos.
El eterno enfrentamiento con Turquía toma su vertiente más evidente en la división de la Isla de Chipre, donde una república chipriota convive con la república turca de Chipre del norte. Durante los años 60 hubo un movimiento en Chipre y Grecia a favor de la Enosis o asimilación.
Este eterno antagonismo es el que está manteniendo los presupuestos de defensa helenos en un nivel insostenible.
El caso es que la situación estratégica de Grecia en el Mediterráneo oriental ha hecho que sea la  niña mimada de occidente. Winston Churchill se repartió con el Mariscal Stalin la península de los Balcanes quedándose Grecia, lo que hizo que la URSS abandonase a su suerte a las milicias del KKE. Una Inglaterra exhausta por la guerra no podía hacer frente a sus compromisos con la monarquía griega, así que fue Estados Unidos quien, en 1947 tomó el testigo iniciando así la Doctrina Truman de contención del comunismo.
Desde entonces, Grecia ha contado con numerosas ayudas por parte de occidente para mantener en sus manos el mediterráneo oriental. Su temprana pertenencia a la OTAN y la entrada express en las Comunidades Europeas en 1981 se debió más a consideraciones geopolíticas que de carácter económico. Y de aquellos polvos nos llegan estos lodos.
Las cuantiosas ayudas que Grecia lleva recibiendo desde su adhesión en 1981 no han servido para que consolidase unas muy débiles estructuras estatales y pusiese en orden su economía. Muy al contrario, sirvieron para mantener subvencionado un país que seguía sin contar con una estructura recaudatoria digna de tal nombre. Pero como el viento de la economía soplaba a favor de las economías europeas no importó demasiado.
La negligencia no fue unidireccional, sino que las sucesivas Comisiones Europeas no hicieron nada por fiscalizar dónde iban los cuantiosos fondos europeos. Pero es sintomático que, pese a la entrada en bloque de Europa del Este en 2004, Grecia continuase en la cola de las estadísticas económicas de la Europa Comunitaria.
Hoy sabemos que el proceso de formación de la Unión Monetaria se hizo mal, se comenzó la casa por el tejado. Hoy sabemos que resulta ilusorio compartir una moneda sin instituciones fiscales y económicas únicas. El Euro comenzó siendo la moneda común, no la moneda única. Fue la crisis griega (y las sucesivas crisis portuguesa, irlandesa y española) la que puso de manifiesto estas deficiencias.
De hecho muy pocos países cumplían los estándares para entrar en la moneda común. Hasta Alemania tenía en aquella época un problema con su abultado déficit público. España tuvo que privatizar hasta la camisa para conseguir los ingresos necesarios que equilibrasen nuestras cuentas públicas,  que sino ni con esas entrábamos. Así, obviando muchos ítems de Maastricht se fueron colando países en la moneda común. Pero el más escandaloso fue la entrada griega. Fue un timo en toda regla, y lo peor de todo es que las instituciones europeas lo sabían. Pero había un empeño franco-alemán en que Grecia entrase en el Euro. El abultadísimo presupuesto militar griego iba a parar principalmente a empresas armamentísticas alemanas y francesas, por lo que era necesario que éste país operase en la misma moneda que sus suministradores militares.
Todo fueron días de sol y miel mientras la economía fue viento en popa, pero el llamamiento del Presidente de la Comisión Europea de entonces, Romano Prodi, a concluir una unión monetaria inconclusa cayó en saco roto.
La constatación de que el gobierno griego había maquillado sus cifras macroeconómicas con ayuda de la banca de inversiones americana Goldman Sachs, desató la crisis crediticia que puso en jaque la moneda única y dejó al descubierto las vergüenzas del Euro.
Se había comenzado la casa por el tejado. Había una moneda única basada en la buena voluntad de la convergencia de los gobiernos de los Estados Miembro, pero no auténticas instituciones económicas comunes. La crisis griega iba a poner los cimientos para construir a toda prisa las instituciones necesarias y terminar de configurar el BCE como prestamista de último recurso.
Los sucesivos rescates a Grecia han sumido al país a una recesión pocas veces vista en pos de la reducción del déficit. 
La sacrosanta doctrina de la estabilidad presupuestaria no se puso en duda hasta la fecha. Pero la crisis griega también puso en tela de juicio la negligencia de los sucesivos gobiernos de los partidos de centro izquierda y centro derecha. Ambos partidos derrocharon los cuantiosos fondos europeos no en modernizar las infraestructuras o las estructuras del Estado y la economía helenas, sino para fortalecer sus respectivas redes clientelares.
Hoy sabemos que Grecia apenas tiene concluido un catastro actualizado, motivo por el cual no tiene una estructura recaudatoria digna de tal nombre. No se paga IBI, no existe una Agencia Tributaria Independiente que recaude unos impuestos que financien al Estado. Hoy muchos son los problemas del Estado griego, pero el principal, a mi entender, es que carece de las estructuras básicas que definen a un Estado Moderno.
Fue la evidencia de esta descomposición de los partidos tradicionales y un sistema electoral retrocido que premia con cincuenta escaños al partido vencedor lo que auparon a la coalición marcadamente de izquierdas Syriza al poder. Se buscaba contener una crisis bancaria que afectaba al corazón de Europa, ya que gran parte de la deuda griega moraba en bancos alemanes y franceses, poseedores de la misma para financiar su propia industria armamentística. 
La agónica negociación a cara de perro de los últimos cinco meses no ha concluido de manera exitosa debido a errores de cálculo por ambas partes.
Los acreedores pensaban que podían tensar la cuerda todo lo que quisieran porque Grecia no se podía permitir el lujo de cortar por lo sano, lo que no les quita razón. Carecieron de realismo político al exigir a Syriza que aplicase estándares que se cumplen en muchos países del Euro: jubilación a los 67 años, endurecimiento de las prejubilaciones y subir el IVA del turismo.
Carecieron también de realismo económico al no poner encima de la mesa una quita de la deuda. Los acreedores debieron hacer de la necesidad virtud y ceder en esa ficción a Tsipras. Ficción porque Grecia no va a poder pagar esa deuda de ninguna de las maneras, así que lo inteligente hubiera sido una concesión graciosa de los acreedores a cambio de unas reformas que el PM griego hiciera digeribles a sus socios de gobierno.
Pero el experto en teoría de juegos que es el ministro de finanzas griego, decidió jugar con el futuro de su país y tomar la salida que la Eurozona pensaba que no se podía tomar. Se rompieron todos los puentes. Tsipras anunció un referéndum sobre no se sabe muy bien qué, se cerraron los bancos, se produjo el primero de los impagos a los acreedores y las negociaciones entraron en punto muerto.
Si no se puede responsabilizar a Syriza y Tsipras de la situación griega que heredaron, sí se puede empezar a culpar de lo que pase a partir de ahora.
El referéndum es una huida hacia adelante del gobierno de Tsipras, aunque es una huida a la que le han obligado los acreedores por su escasez de miras. No sabemos si Tsipras y Varoufakis con su actitud chulesca tensaron las negociaciones a propósito, pero lo que sí parece cierto es que Tsipras difícilmente hubiera conseguido que su grupo parlamentario aprobase el acuerdo conseguido en el Eurogrupo.
Así que, la incapacidad de los acreedores por un lado, y la del propio Tsipras que no controla la totalidad de su grupo parlamentario empujaron a Grecia al abismo.
Con el referéndum Tsipras pasa la patata caliente al pueblo griego en una muestra de impotencia política de libro. Si gana el NO, según el PM, tendrá más fuerza para negociar con el Eurogrupo aunque no sabemos si éste hará la misma lectura. Si gana el SÍ, Tsipras según sus cálculos políticos, tendrá la fuerza suficiente para imponer el acuerdo del eurogrupo a su propio partido. Problema: cada hora que pasa se tiene más claro que debería dimitir en caso de que ganase el sí debido a su posicionamiento a favor del NO.
El problema es que hoy por hoy el referéndum no vale de nada a la posición griega. El rescate ha expirado y Grecia debe negociar un tercer rescate desde cero, una negociación que podría llevar semanas o meses y que debe tener la aquiescencia de todos los parlamentos de la zona euro, lo que podría dilatar aún más el proceso. Si el referéndum se hubiera realizado en Enero, aún podría haber servido para fortalecer la negociación de Grecia aún bajo el paraguas del segundo rescate, pero hoy la situación es desesperada.
La República Helena debe negociar un tercer rescate con su economía agonizante, un control de capitales, el default a las puertas y sin el paraguas del rescate. Solo la financiación de emergencia del BCE mantiene a flote la débil banca griega.
Por eso, en mi opinión el referéndum cambia muy poco. Se pregunta al pueblo griego si quiere aceptar unas condiciones que ya no están sobre la mesa acerca de un rescate que ya ha expirado.
No obstante, como estamos ante un terreno inexplorado del tortuoso proceso de integración europea, éstas líneas son solo una reflexión sobre los orígenes de la crisis griega, los posibles escenarios del día después los veremos en breve. 

martes, 23 de junio de 2015

Elecciones locales y autonómicas, de bisagras y puertas.


El pasado domingo se constituyeron los consistorios de España tras las elecciones locales y regionales del mes pasado. Fueron unas elecciones que nos devuelven a la casilla de salida de la democracia española al configurar un sistema de bipartidismo muy debilitado.
Sigue siendo un sistema donde los dos partidos principales se siguen repartiendo el poder, porque pese a todo el cacareo y la pérdida de importantes plazas para los dos grandes partidos, sobre todo para el PP, el voto a éstos dos partidos se mantiene por encima del 50% del electorado. Es verdad que el bipartidismo ha sufrido una fuerte erosión desde las últimas elecciones generales, pero de ahí a rubricar su defunción dista un gran trecho.
Las elecciones, como todas en las que se configura un sistema con varios partidos importantes, deja un reguero de derrotas. En política siempre hay que medir éxitos y fracasos según las expectativas de cada partido y, en esta ocasión, todos han perdido en mayor o menor medida.
El Partido Popular ganó las elecciones, no solo en términos de votos totales sino también en numerosas regiones y consistorios. Pero la sensación en Génova no es de victoria. El PP se dejó 2'4 millones de votos respecto a las elecciones regionales de 2011, pero considero que hay que matizar algunos aspectos.
La primera de ellas atañe a que los resultados del 2011 respondían al proceso de erosión del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. La forma netamente mejorable con la que el PM socialista encaró el inicio de la crisis, sus parches y desastres sin paliativos los terminaron pagando los alcaldes y dirigentes regionales del PSOE que vieron como sus oponentes del PP fueron aupados a los que eran feudos socialistas. Por tanto las cotas de poder regional y local alcanzados por el PP formaban parte del vacío de poder que la descomposición del PSOE dejaba, no por una alternancia natural.
La misma coyuntura oportunista que aupó al PP en 2011 acabaría por barrerlo en 2015. Muchos regidores locales y presidentes autonómicos sin ser necesariamente malos, terminaron pagando la factura de desgaste de las políticas del Mariano Rajoy.
Así, aunque el PP es lal fuerza más votada en Aragón, Castilla la Mancha, Baleares o Valencia pueden perder éstas regiones en favor de otras fuerzas políticas. No solo eso, importantes ciudades como Madrid, Sevilla, Valencia o Zaragoza han cambiado de signo político fruto de los pactos postelectorales.
Así, aunque el PP ha sido el partido más votado, el celebrar tal cosa es un triste consuelo.
El PSOE de Pedro Sánchez también ha perdido, y ha perdido en dos planos distintos. El primero y más evidente es la pérdida de unos setecientos mil votos que se une al descalabro de la era Zapatero. El PSOE no solo no recoge nada del descalabro del PP, sino que acentúa su decadencia local, Bien es cierto que le disculpa que la competencia por el ala izquierda es feroz y mucho más encarnizada que por el ala derecha del electorado, pero eso no le resta responsabilidad.
A pesar de ser los peores resultados socialdemócratas en unas elecciones regionales y locales, el PSOE ha recuperado algunas plazas importantes como Sevilla u Oviedo, y parece que podrá darle la vuelta al mapa autonómico gracias a pactos a derecha e izquierda. Ha mantenido Asturias y Andalucía y puede ganar para su haber Valencia, Aragón, Extremadura, Baleares y Castilla la Mancha.
Pero el PSOE debe esos gobiernos a pactos con fuerzas que en las generales le restarán posibilidades de superar al PP. La estabilidad y la viabilidad de estas relaciones está por ver, Hoy el PSOE ha ganado una significativa cota de poder, pero no debe perder de vista que antaño formar gobiernos tripartitos como el que está a punto de formar en Valencia o Baleares, le ha costado su propia supervivencia como el caso del PSC en Cataluña.
El segundo frente en el que el PSOE no ha culminado su supuesta victoria es que, pese a ver acrecentada su cota de poder, le debe ésta a numerosas fuerzas. Y ahí Podemos le ha ganado la batalla de la publicidad.
Pablo Iglesias ha hecho creer a la gente, con la complicidad de los medios de comunicación , que ha obtenido mejores resultados de los que realmente ha tenido.
Los resultados de Podemos han sido buenos teniendo en cuenta que es un partido de reciente fundación, pero si tenemos en cuenta las expectativas de su secretario general, sus resultados son decepcionantes.
En las elecciones autonómicas, donde Podemos concurría con su propia marca, ha quedado siempre tras el PP y el PSOE en todos los casos y en algunos en una vergonzosa quinta posición como en Valencia. No es gran cosa para un partido que comenzó el año liderando las encuestas en intención de voto y que se vendía a sí mismo como el ariete del cambio en España y el enterrador del bipartidismo. Simplemente decepcionate.
Pero los decepcionantes resultados en las regionales es compensada por los excelentes resultados de diversas plataformas en las municipales que Podemos ha apadrinado y, más importante, se ha adueñado de sus frutos propagandísticos.
Aunque Podemos solo llevase un concejal en la lista de La Coruña, dos en Madrid y otro en Barcelona. Todos los medios parecen identificar las mareas, guayem, ahoras y demás plataformas con un solo partido: podemos. Podemos carecía de infraestructura para presentarse en todas y cada una de las capitales de provincia, por eso Pablo Iglesias tomó la inteligente medida de integrarse en diversas plataformas ciudadanas que amalgamaban a lo más variopinto del movimiento de los indignados en cada localidad.
La jugada le ha salido bien ya que la prensa presenta a estas plataformas siempre como ligadas o apoyadas por Podemos, como si ésta fuera una especie de nave nodriza que apadrinase o ungiese políticamente a todos estos movimientos. De hecho la propia Manuela Carmena ha declarado en más de una ocasión que no tiene nada que ver con Podemos como si intentase desligarse o buscar su propia identidad.
La jugada le ha salido bien a Podemos y a su líder, aunque la primera mina política le ha estallado apenas unas horas de conformarse los consistorios.
A Guillermo Zapara, recién nombrado concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, le sacaron unos tweets de 2011 que evidenciaban el humor del que muchos ciudadanos hacemos uso en la barra de los bares. Los tweets, de evidente mal gusto, evidencian más el amateurismo de estas nuevas formaciones y candidatos que un ataque a la comunidad judía o similar.
Tras el caso Zapata, le está siguiendo el caso de Rita Maestre, portavoz del ayuntamiento de Madrid imputada por el asalto a la Capilla de la Complutense en 2011. Obviamente no es un delito comparable con la trama Gurtel, los ERE o la Púnica, pero evidencia la vulnerabilidad de estas candidaturas.
Su mensaje de honestidad, única herramienta con que las candidaturas de unidad popular llegaron al poder, podría estar amenazado por el hecho de que, al fin y al cabo, también llevan a imputados en sus filas.
Tanto es así que el líder de Podemos ha defendido con un mensaje extrañamente habitual en el PP y el PSOE a sus imputados. "No todos los imputados son iguales", "hay una campaña de desprestigio hacia mi persona", etc. Declaraciones que podríamos fácilmente escuchar a Bárcenas o Griñán.
Entonces, si Podemos lleva desde sus inicios casos de legalidad dudosa como la empresa de Monedero y éstas candidaturas tienen entre sus filas bocazas e imputados, ¿En qué se diferencian de los partidos tradicionales?, que ya se haya formulado esa pregunta es la amenaza más clara a la que se enfrentan, ya que de aquí a las generales podría crecer la desafección entre unas formaciones políticas débiles con errores de principiante.
La heterogeneidad de fuerzas que componen las distintas "candidaturas de unidad popular" prevén la aparición de múltiples problemas en la larga legislatura que les queda por delante, más cuando la totalidad de éstas gobiernan en minoría con apoyos puntuales de otras fuerzas políticas que nada le van a perdonar. Su prueba de fuego vendrá con la confección y aprobación de los presupuestos. 
Irónicamente la confluencia de estas fuerzas emergentes que le han arrebatado numerosas plazas y regiones, es la mejor baza que tiene el PP para movilizar a su electorado, ganar las elecciones generales y formar un gobierno en minoría.
A pesar de que éstas elecciones han dado un vuelco al mapa electoral español y al sistema de partidos, al final la novedad reside en la aparición de nuevas bisagras que sustituyen a los partidos nacionalistas, sobre todo después del divorcio de CiU. Pero aunque las bisagras sean nuevas, las puertas siguen siendo las mismas.

jueves, 9 de abril de 2015

El PSOE golpea primero


Han transcurrido ya unas semanas desde las elecciones andaluzas y no he querido dejar pasar la oportunidad para agregar algún comentario. Aunque probablemente ya esté todo mucho mejor comentado, por lealtad a esta bitácora dejaré algunas reflexiones.
He querido titular esta entrada del mismo modo que el Editorial de El País porque considero que es la oración que mejor sintetiza un primer análisis.
Aunque en Democracia parece que todos son ganadores de una forma u otra, unos lo son más que otros así que empezaremos con el ganador sin paliativos: el PSOE.
La convocatoria anticipada de elecciones regionales en Andalucía fue una apuesta personalísima de Susana Díaz. Se trató de un movimiento altamente arriesgado que, en raras ocasiones sale bien, recordemos los fracasos de Artur Mas o Zapatero en 2011. Pero Susana Díaz hizo sus cálculos y los consideró una apuesta que solo podía ganar. El tiempo corría en contra de ella si alargaba los plazos electorales. Los escándalos de corrupción que salpican por entero a la Junta, altos miembros del PSOE, sindicatos y empresarios solo podía ir a peor y empañar el futuro político de Susana. Una carrera política que había heredado de uno de los principales imputados en la trama de los ERE: Griñán. Así que las elecciones eran el medio para limpiar su cargo y marcar distancias con el escándalo.
A esto hay que añadir que cuanto más tiempo pasase más se organizaban sus oponentes políticos, principalmente Podemos, que es su principal competidor por la izquierda. La convocatoria anticipada cogió también por sopresa al Partido Popular cuyo candidato apenas era conocido antes y durante la campaña. Así que, fabricando una crisis de gobierno que no existía, Susana Díaz convocó comicios anticipados para sobrevivir los difíciles años que le quedan al Partido Socialista con comodidad.
Los principales derrotados de las elecciones fueron IU y el PP. Izquierda Unida queda relegada a una muy minoritaria posición en el arco parlamentario regional que lo hace irrelevante para casi cualquier acción política. Viene a rubricar la fagocitación de la formación por parte de los neófitos de Podemos.
El Partido Popular encajó una seria derrota perdiendo diecisiete escaños. Es verdad que el Partido Popular no se jugaba casi nada en estas elecciones. Nunca gobernó en Andalucía y, aunque había sobrepasado al PSOE en la legislatura saliente, no aspiraba a hacerse con San Telmo. No obstante, aunque el PP se quedase como estaba, como el líder de la oposición, la derrota ha sido tan contundente que el terremoto se está haciendo sentir en Génova.
Las alarmas se han encendido de cara a las municipales, regionales y las generales. La pregunta es obvia ¿Se traducirá ésta pérdida de votos en las municipales y de cara a obtener escaños para las Generales? Si así fuese, el poder municipal del PP se vería muy seriamente amenazado y su intención de ganar las elecciones por la mínima estaría en jaque al no contar con unos escaños vitales.
Esto, unido al final de la instrucción del caso Gurtel, podría desgastar más al PP de lo que Arriola habría supuesto. El golpe en Andalucía ha puesto en evidencia que la estrategia de la recuperación económica no ha calado en el electorado.
El descalabro en Andalucía ha aflorado la disputa en el seno del Partido entre Javier Arenas y la actual secretaria general, María Dolores de Cospedal. Lo cierto es que para Cospedal llueve sobre mojado ya que se abre un nuevo frente. Muy cuestionada por la negligente forma de abordar el escándalo Gurtel, ahora le cae encima una derrota electoral de la que no es enteramente responsable. Así que el Partido Popular de Castilla la Mancha ha puesto el foco en Javier Arenas abriendo una brecha entre los colaboradores más próximos del PM.
Llama la atención que sucedan estas guerras intestinas en un partido tan fuertemente coesionado como el PP y más aún contando con unas cotas de poder nunca vistas en democracia. Pero precisamente es esta brecha la mayor y más notoria consecuencia del descalabro electoral del PP andaluz.
El otro gran derrotado de la noche es IU, pero su derrota es la crónica de un fracaso anunciado por todas las encuestas y análisis. Podemos ha fagocitado gran parte del electorado marcadamente de izquierdas que venía apoyando a la formación. No solo eso, sino que también ha sido víctima del desgaste que suele sufrir el menor de una coalición de gobierno. La guerra interna que IU ha sufrido en el seno de federación madrileña ha encendido todas las alarmas. Podemos no solo aspira a hacerse con el electorado de IU, sino que también espera con hacerse con lo más valioso: su aparato de partido.
Los dos neófitos del parlamento regional son Podemos y Ciudadanos con quince y nueve escaños respectivamente. De los dos, Ciudadanos es el que ha dado una campanada mayor, puesto que su ascenso es más reciente e inesperado que el de podemos que lleva desde mayo de 2014 anucniando unso resultados espectaculares. Con ello Ciudadanos da el salto a otros territorios del Estado sacudiéndose el sambenito de ser un partido catalán. No solo eso, los resultados de Ciudadanos en Andalucía son la constatación palpable de que al PP se le ha abierto una brecha en el centro-derecha, algo impensable hace solo unos meses. Cómo gestionen este capital político y el que presumiblemente consigan en las regionales y municipales será lo que marque su tendencia de cara a las Generales. 
El otro gran vencedor relativo de la noche es Podemos que pasa, al igual que Ciudadanos, de no tener representación en San Telmo a la nada desdeñable cifra de los quince escaños. No está mal para un neófito tercer partido, el problema es precisamente ese, que las expectativas de Podemos y de su líder era precisamente ser bastante más que un mero tercer partido. 
Así el éxito relativo de Podemos tiene un sabor agridulce. Signo de ello ha sido la desaparición de su líder, sometido anteriormente a una sobre exposición, así como el bajo perfil que han otorgado a los resultados. Podemos aspiraba a que el gobierno regional pasase inexcusablemente por su formación, algo en lo que han fracasado, puesto que hoy como ayer todas las opciones de gobierno pasan de manera impepinable por el PSOE. 
Los resultados arrojan varias lecciones que Pablo Iglesias y su grupo de expertos polítologos sin duda están digiriendo. La primera de ellas es que quizás se han dado a conocer demasiado pronto, han sido sometidos a una atención mediática que ha acabado por chamuscar a sus únicas estrellas pensando que disfrutarían de la indulgencia que gozaban cuando eran meros contertulios, pero al final la política "profesional" se ha mostrado con su cara más cruda. 
La segunda lección es que les ha salido un competidor por el voto del descontento. Aunque Ciudadanos pesque en caladeros ideológicos completamente distintos a los de Podemos, tienen algo en común: ambos deben su auge a la crisis de las grandes formaciones y recogen el voto del descontento y ahora ya son dos. Algo que se ha recogido en la última encuesta de metroscopia donde ya no hay una hegemonía de podemos, sino un empate técnico entre las cuatro formaciones.
La tercera lección que ha aprendido Podemos es que el PSOE no va a ser una presa tan fácil de abatir como IU. Muchos de los anotados a Podemos se creyeron la identificación del PSOE con el PASOK y que, por tanto, la formación socialdemócrata sufriría la misma suerte. La gran diferencia es que el PSOE todavía cuenta con una muy fuerte implantación territorial en Andalucía, como así ha revalidado Susana Díaz. Semejante apoyo en Andalucía da un respaldo al PSOE de cara a las generales que aparta, al menos por el momento, el fantasma del PASOK y hace que pueda mantener al menos une exiguo apoyo. 
Por tanto, el PSOE y Ciudadanos han demostrado a Podemos que están lejos de ocupar la "centralizad del tablero político" como ha asegurado Pablo Iglesias que era su intención. Más que eso, ha hecho desaparecer la fantasía de que se trataban de los líderes de la oposición in pectore devolviéndolos a la cruda realidad: que son un partido con unas estupendas expectativas que, al menos de momento, no se han visto colmadas. 
Es por ello que creo que aunque a priori los resultados de Podemos pueden parecer impresionantes, su aspiración de ser llave de gobierno no ha sido conseguida ni por asomo, lo que lo convierte más en un fracaso que una victoria. Pablo Iglesias y sus ideólogos saben que en política todo se mide en términos de expectativas. En este caso Podemos no ha cumplido las suyas.
Pero si miramos el la escena con mayor perspectiva, estas elecciones regionales pueden significar para el PSOE la ruptura de una malísima racha de derrotas electorales y, aunque todavía le queda un año electoral crucial donde se juega su supervivencia como algo más que un partido andalucista, al menos esto ha insuflado una bombona de oxígeno. 
Para Ciudadanos puede ser el trampolín que le catapulte en las próximas elecciones autonómicas y locales como una nueva tercera vía del centro-derecha. 
En cambio, para Podemos que había echado toda la carne en el asador, que nos había vendido en Enero que eran el cambio, el partido del tic tac, al final se ha desinflado cuando han tenido que medir sus fuerzas con las urnas. Puede que solo sea un bache inicial, pero no es un buen comienzo. Es más, si tras las autonómicas y locales de mayo Podemos no se hace con alcaldías importantes y algún gobierno regional se puede poner en verano con ninguna cota de poder, aunque con un buen número de representantes que lo afiancen como lo que de momento es: un buen tercer partido.

domingo, 1 de febrero de 2015

Editorial: Podemos, ¿una alternativa?


He tardado mucho en escribir una pequeña crónica y opinión sobre el fenómeno Podemos debido a mi consabida fobia hacia esta plataforma. Los que me conocen saben que solo he tenido críticas para los recién llegados a la política española y no quería manchar mi pequeña bitácora con exabruptos. Así que espero poder hacer un ejercicio de toma de distancia y escribir una opinión ponderada sobre el fenómeno-partido que, aunque opinión personal y subjetiva, se adapte a los principios de un debate civilizado.
En primer lugar considero que juzgar el fenómeno-partido es sumamente complicado porque tanto los líderes como los simpatizantes se mueven indistintamente en ambos planos y las críticas que se le hacen al movimiento no sirven para el partido y viceversa. Pero es precisamente esta ambigüedad la que le está dando unos frutos excepcionales en ambos campos: la del apoyo popular y el auge en las encuestas.
El grupo formado por una serie de profesores de políticas supo gestionar de una manera brillante el descontento formado en torno al 15M y las sucesivas protestas sectoriales (marea verde, blanca, etc) y los numerosos actos de protesta como rodea el Congreso. Supieron canalizar el descontento hacia una plataforma que, en sus inicios no era un partido definido. Su líder, un veterano de la política universitaria, formado en las juventudes comunistas y con un largo historial de asesoramiento en diversos ámbitos políticos así como un programa y una productora propia, comenzó a aparecer asiduamente en tertulias políticas, muchas de ellas de bajo nivel, para ser conocido por el público. Aunque había cometido la valentía de ir a medios y tertulias de extrema derecha a defender su postura, lo que le catapultó a la fama fue la aparición en el debate político de la sexta los sábados por la noche. Una tertulia de bajo calado con unos invitados de nivel mediocre que hacía cercanos los temas políticos y donde Pablo Iglesias lucía con mayor intensidad. Fue aquí, en el sálvame de los programas políticos donde el líder de podemos se dio a conocer antes de la existencia del propio partido.
Es por ello que concurrió a las elecciones europeas bajo unas siglas entonces desconocidas sin logotipo y con su cara en las papeletas para que el elector supiera a quien estaba votando. Un movimiento inteligente que le catapultó con 1'2 millones de votos a la cuarta posición. Era el comienzo de un terremoto político desconocido en el estable sistema de partidos de la democracia española. Como dijo el propio Pablo Iglesias, los resultados eran impresionantes para unos recién llegados a la política pero no se iban a conformar con eso. Su objetivo era expulsar a la "casta" de las instituciones. Como buen político, Pablo dijo una mentira rodeada de verdades para que fuese digerible. Es verdad que su objetivo es la Moncloa y que desea desalojar a los partidos tradicionales que él llama casta, pero no es cierto que sean unos recién llegados a la política.
Si nos atenemos al calificativo "político profesional" tal vez Pablo Iglesias sea el más profesional de los políticos de la escena española. Nadie hace como él ese trabajo, mide todas y cada una de sus intervenciones, se prepara todas las entrevistas, todas sus intervenciones en el europarlamento, hace, en definitiva, lo que deberíamos exigir a todos los políticos: profesionalidad.
Entonces si es tan profesional a qué vienen tantas críticas, pues al miedo y a su falta de honestidad. Según varias encuestas publicadas, aunque Pablo Iglesias es el líder mejor valorado y su partido aventaja a los demás en intención de voto, coinciden en que el líder ha moderado su discurso para llegar al poder. Tampoco tendría nada de malo, ya hemos sido testigo del "OTAN de entrada no", pero en este caso la situación es distinta en tanto que su líder no propone solo un cambio de gabinete sino un cambio de sistema. Todos los candidatos pasan de la política de intenciones a la política de realidades una vez están en La Moncloa (salvo Zapatero, tal vez) y las suspicacias que levanta podemos es que realmente lleve a cabo una revolución desde arriba cuando, a pesar de sus buenas expectativas, no goza de un apoyo abrumador de la sociedad. 
El espaldarazo del electorado en las elecciones europeas de mayo supuso el punto de partida de un ascenso que aún continúa y para ello ha contado con la inestimable ayuda de la Sexta que no pierde oportunidad de invitar a los líderes de podemos y a la torpeza de los principales partidos políticos. PP y PSOE llevan demasiado tiempo acostumbrados a tratar con líderes mediocres de uno y otro lado, de modo que no dejan de empujar a masas de votantes a los brazos de Podemos. Por tanto, de momento Podemos no tiene un voto propio abultado, sino que estamos ante un voto prestado (si es que existe tal término) debido al demérito de los partidos tradicionales. 
Pero, una vez constituido como partido, ¿Es podemos una alternativa? Es difícil saberlo porque las líderes se esconden bajo una ambigüedad calculada que, a la larga, puede perjudicarles. Por eso siempre se le pide una definición que a los otros partidos no. Porque los otros se sabe qué harán. La pregunta del millón es si la sociedad española quiere realmente la alternativa que dice representar podemos, un giro de 180º a todo lo que hemos vivido o simplemente queremos pequeños ajustes que limpien la democracia española. ¿Qué tipo de alternativa representa podemos? ¿Es socialdemócrata? Porque de ser así es más de lo mismo y no supone alternativa ninguna, solo un candidato más subido al carro de la alternancia.
Los demás partidos no sufren el acoso permanente por la definición programática que cae sobre podemos y ello es porque se sabe que tienen un programa para gestionar el actual sistema, pero podemos se presenta como alternativa al "régimen del 78", es por ello que nos debe una mejor explicación que los demás porque dicen proponer un modelo distinto no solo de hacer política, sino de organización social, su proyecto va más allá de unas meras elecciones, o eso no han querido vender. 
Es por eso que todos los partidos y el resto de la sociedad caen en pedir a podemos mayor definición. No solo porque no la hemos tenido hasta ahora sino porque su ambición así lo exige. La ambición de un "cambio de régimen" exige mayores explicaciones que una soflama, sino a la larga puede caer en el fracaso. 
A pesar de la torpeza con que se ha criticado a la nueva formación, su proceso constituyente no ha sido todo lo asambleario que hubieran deseado los más creyentes. Pablo sabe que solo un partido monolítico con una ejecutiva y un planteamiento tradicional puede vencer las elecciones. "Con Yes secretarios generales no se vence a Rajoy ni a Sanchez" apostilló en el congreso fundacional del Partido. Así pues, el movimiento se hizo un partido más, con grandes posibilidades, pero uno mas al fin y al cabo. Estamos viendo la larga mano de la ejecutiva a la hora de poner candidatos más allá de las "asambleas ciudadanas" y así debe ser si quieren copar cotas de poder y no caer en la irrelevancia de un movimiento asambleario. 
Si la democracia, como decía Winston Churchill, es el peor de los sistemas exceptuando todos los demás, tal vez Podemos, ha pasado de ser un movimiento nuevo e ilusionante a ser el peor partido, exceptuando todos los demás para poder llegar a la Moncloa. Si ésta metamorfosis para logar captar al electorado de centro sin perder a los que ya tenía de partida es algo que está por ver y que marcará el éxito de su proyecto.
Pero aunque hay una calculada ambigüedad por parte de todos los dirigentes de podemos hay ciertos puntos flacos o ciertas apuestas que pueden salirle realmente mal a la nueva formación.
¿Será capaz Podemos de mantener el discurso del cambio de régimen durante el año y medio que esta terciando entre las europeas y las generales del 2015? Aguantar un ritmo de movilizaciones tan largas es el primero de los retos que tiene Podemos por delante. Aún no hay fecha para las generales y, según la Constitución, el PM puede retrasarlas hasta enero del 2016 para conseguir sus objetivos: quemar la única baza de podemos, su líder. 
Sin duda, Pablo Iglesias es la gran baza de Podemos, tanto que hasta han colocado su cara en las papeletas de las europeas, los demás no solo no están a su altura, sino que la sospecha de mala praxis o la sombra de corrupción planea sobre la segunda fila del partido. Errejón ha cobrado una beca/contrato bajo unas circustancias cuestonables. Juan Carlos Monedero ha facturado como asesor algo más de 400.000 € a través de una empresa ad hoc para pagar menos que un particular y sin pasar por el filtro de la universidad, algo que ha criticado repetidamente el líder de Podemos. De todos ellos, Pablo Iglesias es sin duda el de mayor carisma y que mejor se desenvuelve en los medios, pero lo que es una ventaja se puede tornar un inconveniente por sobre exposición. Lo que antes era una sobre exposición táctica, ahora que su segunda fila está bajo sospecha, es obligada y puede llevar a quemar al líder de la nueva formación. Queda demasiado para las generales, objetivo último de Podemos y único de Pablo Iglesias y una sobre exposición del líder podría hacer mella de aqui a los comicios. De hecho Pablo Iglesias ya ha anulado en varias ocasiones entrevistas tras los apuros sufridos ante Ana Pastor y Pepa Bueno que mostraron los agujeros en el programa de Podemos. Hace una semana el líder de Podemos sufrió el acoso de los periodistas en el programa del que era contertulio y pareció un hombre en apuros a la defensiva intentando defender a sus colegas. 
Otra apuesta de Podemos que evidencia que la Moncloa es prácticamente su único objetivo es el hecho de que no se presentan a las elecciones regionales y municipales. Se han escudado tras candidaturas variopintas que el partido apoyará o no. Es una forma hábil de evitar identificaciones y líderes oportunistas que se suman a las buenas expectativas de Podemos, pero también pueden pasar a ser una formación poco relevante ante el racimo de siglas y eslóganes bajo los que se esconden en cada localidad. Aunque todo indica que el PP perderá muchas mayorías absolutas y concejales en estos comicios, dudo que pierdan poder municipal ya que se enfrentarán a un bloque de izquierdas dividido que al final les hará ser la fuerza más votada en muchos ayuntamientos. 
Las elecciones anticipadas en Andalucía, convocadas por Susana Díaz en un audaz movimiento, es una oportunidad para probar su poder regional. El problema es que Podemos no existe en Andalucía y la candidata está poco asentada. Teresa Rodríguez, proveniente de la izquierda anticapitalista, tiene una previsión del 15% de los votos. Aunque eso aleja a Susana Díaz de la mayoría absoluta también aleja a cualquier otro partido que no sea el PSOE para formar gobierno. La misma dispersión de votos que podría beneficiar al PP en las generales parece que beneficiará al PSOE en Andalucía. Y que Podemos comience su súper año electoral, su paseo triunfal, con una derrota podría hacerle perder el paso de forma importante si en mayo no suma alguna alcaldía importante a su aún inexistente cota de poder. 
La otra gran apuesta de Podemos es el matrimonio contraído con Syriza al que no solo ha apoyado sin fisuras, sino que han votado juntos en repetidas ocasiones en Bruselas apoyando a Putin, entre otros asuntos. Podríamos estar ante otra apuesta arriesgada de Podemos, porque si las reformas que está llevando a cabo Syriza terminan en desastre, el electorado español podría ver un espejo de lo que podría ser la gestión de Podemos. Podría resultarle bien, pero viendo las primeras medidas del ejecutivo Heleno de momento no lo parece. Y como he dicho, aún queda demasiado para las elecciones generales para que Podemos sea víctima de sus contradicciones y alianzas, claro que siempre podrá contar con la inestimable ayuda de los partidos tradicionales que le sirven en bandeja munición política. 
A pesar de que la victoria sea un premio que lo merece todo, no deja de ser decepcionante saber que tu formación política y el valor que tienes como líder se deba más a los deméritos de otros que a tus propios méritos. 
Personalmente creo que una frase de Bertrand Russell define a Pablo Iglesias y su partido: "Mucho de lo que aparenta ser idealismo es un amor encubierto al poder"