martes, 15 de abril de 2014

Editorial: callejón sin salida



Varias noticias han salpicando la actualidad en torno a los separatismos por toda Europa. Las más violentas y que han cambiado el mapa de una forma más rápida y traumática fueron los recientes acontecimientos en Crimea y que nos retrotraen a la Guerra Fría. Pero en Europa occidental se están sucediendo movimientos separatistas que, aunque similares en algunos aspectos, difieren en lo más importante.
El caso escocés es el más llamativo porque se ha solucionado de forma pactada, pero el marco en el que se entablaba el problema (porque las tensiones dentro de un Estado siempre constituyen un problema) era más difuso y más abierto. Al tratarse de una constitución no escrita, los protagonistas tienen un margen mayor para dar forma a soluciones imaginativas. En este caso la responsabilidad de los agentes políticos británicos ha jugado a su favor porque, de no haber llegado a un acuerdo, se hubiera producido un choque de trenes como está sucediendo en España. Londres y Edimburgo siguen aduciendo que han cedido los dos a las negociaciones porque ambos tenían las competencias de convocar referendos. El marco constitucional continental, pone negro sobre blanco a tales cuestiones y en España no cabe ninguna duda de dónde radica tal competencia.
Pero el éxito del proceso escocés, triunfe quien triunfe, se debe a un orden lógico en la cadena de acontecimientos. Al igual que en el caso de Quebeq los escoceses votaron de forma inequívoca a los independentistas que llevaban en su programa electoral efectuar una consulta. Cuando estas fuerzas fueron hegemónicas llevaron a cabo el programa por el cual habían sido votados. Esto no ha pasado en Cataluña, lo que explica en parte la disfuncionalidad del proceso secesionista catalán.
Allí una manifestación multitudinaria por la festividad catalana llevó a un presidente autonómico en horas bajas a subirse a un tren que él esperaba le llevase a buen destino. La aguda crisis económica a nivel estatal y más a nivel catalán (en bancarrota técnica) le llevó a airear la bandera de la mala distribución tributaria para acudir a la Moncloa en busca de un buen acuerdo sin tener que pactarlo con las demás regiones en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. A sabiendas que iba a obtener un no de un PM conservador con mayoría absoluta, convocó elecciones anticipadas sacando de la chistera el "derecho a decidir".
Fue una apuesta personal donde el premio era un gran apoyo electoral con el que pasar más cómodamente la travesía en el desierto de la profunda crisis, pero CiU se pegó el batacazo de la década y pasó a depender de otras fuerzas políticas. A partir de ahí Artur Mas pasó a ser rehén del proceso soberanista y no al revés. Tras las elecciones Artur Mas y CiU no tienen una estrategia clara, van dando bandazos y se van dejando llevar entre las iniciativas de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y el Partido independentista ERC.
La muestra de tal inactividad política se muestra en la pobre actividad legislativa, se han prorrogado los presupuestos durante un año y difícilmente se han sacado unos nuevos donde se ha impuesto el recorte imperante en el Estado. Cataluña es la región que más depende del fondo de rescate autonómico mientras no para de gritar que aporta mucho más de lo que recibe y cae en una guerra de cifras con el gobierno.
Los bandazos del Molt Honorable President indican que no hay una estrategia clara porque, al contrario que ERC, Artur Mas no tiene unos objetivos claros más allá de continuar en el poder. Un poder que parece se le escapa tan rápido como el control del proceso soberanista.
Cualquier partido en Europa hubiera forzado la dimisión de Artur Mas el día de la debacle electoral, pero mal que le pese a Mas, esto es España y gracias a eso se ha aferrado al sillón haciendo honor a la más arraigada tradición patria.
A cambio ha perdido casi por completo el control de la legislatura y a nivel político depende de ERC, con lo que éste puede imponer su agenda sin que se desgaste por ello. De ahí la estupidez dicha por Oriol Junqueras que "no es incompatible apoyar al gobierno y a la vez liderar la oposición".
Así que como a CiU se le supone un partido más institucional que ERC está dando pasos con apariencia legal que le llevó a proclamar Cataluña como sujeto de Soberanía, proclamación rechazada por el TC recientemente. Su segundo paso fue solicitar la cesión momentánea de la competencia para convocar referendos.
Pero el fracaso del plan Ibarreche en el Parlamento era una llamada atención para los secesionista, así que a pesar de lo solemne del debate parlamentario y de las buenas palabras, se le quiso dar un perfil bajo ante el más que previsible portazo. La ANC, ERC y tras ellas Artur Mas declararon que no era el final del proceso, pero mal que les pese sí es el final del proceso. O al menos el principio del fin.
El Congreso por mucho que quieran ignorarlo es el depositario de la Soberanía Nacional, no un mero parlamento local con poderes delegados. Marca cuando una vía está muerta aunque no se vea su final. Mas lo sabe y ERC desea ir poniendo más vías para que no llegue el final de un plan que ya está en coma.
Por eso Artur Mas comienza a decir en voz alta algo que ya sabía desde hace mucho, que no es probable que se celebre referendo alguno el 9 de noviembre y amenaza con unas elecciones autonómicas en clave plebiscitaria. Como si ya no estuvieran usando el actual parlamento autonómico con un sentido plebiscitario.
El siguiente paso es elaborar una ley de consultas propia (se abstienen mucho de llamarla ley de referendos) para que se pueda realizar una "consulta no vinculante" y así esquivar el más que probable veto del TC.
Pero resulta dudoso que Mas se decida por sí mismo a disolver el parlamento y convocar elecciones, debido a que todos los sondeos le dan como perdedor ante una ERC en auge. Si lo hace será obligado por las presiones y su debilidad parlamentaria. Este es otro punto en que se hace patente el poco control que Mas tiene sobre los acontecimientos, ya no es libre siquiera de convocar nuevas elecciones cuando él quiera sino que está siendo manejado. Su debilidad y la del partido después de que se hubiera jugado el todo por el todo en el adelanto electoral de 2012 ha llevado a CiU a ser un mero rehén de ERC. A cambio de su único punto programático (la independencia) se han aprobado unos presupuestos muy restrictivos que dejan a los republicanos con la ventaja de poder atizar con ellos al gobern cuando le venga en gana. Así conjuga Oriol Junqueras ser apoyo y oposición a la vez. Por eso dudo que Mas convoque elecciones autonómicas, no al menos de forma inmediata, porque Artur no es un tarado como los de ERC, solo un oportunista más de la política. ERC, llegado el caso,  iría mucho más lejos planteando una declaración unilateral de independencia. Pero hasta entonces están apoyando en el parlament políticas de austeridad a rajatabla como CiU, por lo que deberían plantearse en cambiar de nombre por RC y olvidarse de la E. La única ideología de ERC es la independencia. No tienen el más mínimo pudor en hipotecar su supuesta izquierda a cambio de lo único que les importa. 
¿Y el PSC? Pues los socialistas están perdidos y son tan impopulares como cualquiera que propongan una tercera vía hoy día: pierden el tiempo con federalisme cuando deberían desmarcarse ( evitar el desgaste interno) y centrarse en los problemas de la gente que es lo que no hace Artur. Tampoco lo hace ERC que, como tantos partidos independentistas, o como le sucede al UKIP en el Reino Unido, son partidos de un solo programa y todo lo demás son meras comparsas. 
Los independentistas catalanes están aprovechando la debilidad de las instituciones del Estado para soltar amarras. Saben que es ahora o nunca, que si no tal vez tengan que esperar otros trescientos años, de lo que no son conscientes es que el marco comunitario es un arma de doble filo. Desdibuja la soberanía y permite a las regiones realizar una enorme labor independiente en su seno pero, como asociación de Estados, blinda las fronteras de sus miembros. Los movimientos pro independencia están jugando a un juego propio del siglo XIX inmersos en una realidad supranacional del XXI. 

sábado, 5 de abril de 2014

Editorial: original y copia



Decía Jean Marie Le Pen, a tenor de la expulsión de gitanos por Sarkozy, que la gente entre el original y la copia vota siempre al original. Y el domingo, en la segunda vuelta de las municipales francesas, se ha vuelto a demostrar.
El Partido Socialista Francés se ha dado el batacazo del siglo al perder numerosas alcaldías y al quedar detrás de la UMP. Pero las elecciones municipales siempre suelen dar un correctivo al partido en el Elíseo. Entonces, ¿Qué tienen de diferente estas elecciones municipales? Pues varios matices.
Lo que llama la atención en primer lugar es la dimensión de la debacle, una cosa es un castigo al ejecutivo y otra muy distinta que los números canten que pocos de tus votantes se han levantado siquiera para salvar los muebles. Los socialistas mantienen París y Lyon pero pierden casi todo lo demás.
En segundo lugar, la derrota del pasado domingo ha obligado a Hollande a prescindir de su PM y amigo en favor de su ministro mejor valorado (y posible rival político) Manuel Valls. Éste barcelonés debe ser el único liberal dentro del PSFr, tanto que hasta abogó por cambiarle el nombre al partido, pero que, lejos de imprimir un cariz neoliberal a su gobierno, ha nombrado a los más proteccionistas y estatalistas para las carteras de economía, presupuestos e industria.
Parece que Manuel Valls es consciente de la máxima de Le Pen y espera recuperar el espacio perdido por la izquierda al alejarse, al menos de puertas para adentro, de la corriente liberal. Podría tratarse de una maniobra que le situase mejor dentro del Partido en vistas de un recambio electoral. El fichaje de la anterior candidata presidencial, Segolene Royal, así parece indicarlo. Y es que, a pesar de haber perdido en 2007, Segolene aunó una nada despreciable cifra de diecisiete millones de votos.
Anne Hidago, Ana Hidalgo al sur de los Pirineos, ha sido la gran triunfadora de la noche por haberse alejado de los postulados del Elíseo y mantener una candidatura independiente. Se mantuvo a la izquierda y la izquierda parisina se mantuvo fiel a ella. Pero París no es Francia y el electorado francés, de carácter rural, es sumamente conservador de ahí que el Presidente no pare de escorarse a la derecha. Pero no fue la derecha quien ayudó a ganar al humilde político normando, sino la conjunción de electores de izquierdas que votaba una opción menos mala que Sarkozy. Ahora parece que Hollande se ha convertido en la opción mala a batir.
Llama la atención que a Hollande se le haya considerado, antes de ganar las elecciones, como un revolucionario o un peligro para el sistema por las publicaciones anglosajonas. Sin duda publicaciones como FT, The Economist o The Wall Street Journal en un ejercicio de majadería periodística se empeñan en criticar el modelo francés porque va en contra de su ideario económico y político.
Pero a pesar de semejantes críticas, el electorado francés siempre elegirá a su Estado frente a la globalización (o mundialización como dicen en el Hexágono) cuando tal cuestión se plantea en las urnas. Y el defensor de la República frente al capital siempre ha salido vencedor. Así mismo, éste ha cosechado derrotas electorales cuando no ha cumplido su labor de defensor de la República.
Así que Hollande tiene frente a sí la hercúlea misión de defender el Estado Francés frente al modelo anglosajón liberal y, a la vez, mejorar las cuentas públicas y cumplir los criterios de Bruselas y Berlín. Es un complicado encaje, puesto que de conseguirlo, el Presidente corre el peligro de ser fagocitado por el artífice de semejante obra: su Primer Ministro, hoy un serio candidato para el cartel de 2017 en sustitución de su jefe.
Así pues estamos ante algo más que una reconstrucción del ejecutivo francés. Parece que el Presidente ha decidido jugársela teniendo a su rival más cerca. Del resultado de esta relación y de los éxitos o fracasos del ejecutivo se dirimirá el próximo cartel electoral. Son dos personas sumamente opuestas, frente al tranquilo Presidente se alza el hiperactivo PM que más nos recuerda a Sarkozy que a un político tradicional del PSFr.
El auténtico vencedor de la noche fue la UMP que cosechó unos grandísimos resultados a costa de la debacle del PSFr, pero como las luchas internas del centro-derecha francés aún no nos ha dado una cara visible, la victoria se diluye en el campo de batalla que es hoy la UMP.
Tales disputas en el seno de la UMP han convertido a Marine Le Pen en la vencedora mediática de la noche, que ha recogido en gran medida el descontento de los partidos tradicionales, situación generalizada en todo el panorama continental. 
El llamado pacto republicano, por el que uno de los dos grandes partidos se retiraba de la segunda vuelta si pasaba el apestado Frente Nacional, no ha sido respetado por la UMP, lo que ha dado argumentos a Marine para anunciar que su partido había salido de la marginalidad política. Pero que no nos confunda la Juana de Arco de hojalata, el Frente Nacional se ha beneficiado del voto de castigo, así que su resultado se lo debe a los deméritos de los demás. Su único mérito (que no es poco) es haber centrado el debate político en su ideología, arrastrando con ello a los partidos mayoritarios. Marine Le Pen se ha aprovechado de la guerra civil de la derecha democrática y de la deriva del Presidente Hollande. Que no se equivoque, no ha ganado nada más que un puñado de alcaldías. La gran vencedora de la noche es la UMP y los resultados de Le Pen no dejan de ser migajas propias de un partido marginal amplificado por los medios de comunicación. La verdadera prueba de fuego para el Frente Nacional vendrá en las europeas cuando el voto conjunto del electorado se refleje en cotas de poder en el Europarlamento.  
Tampoco es un mérito exclusivamente suyo, en mi opinión, el disfrazar al Frente Nacional de cierta respetabilidad que lo hace elegible. Todo el continente europeo se haya inmerso en una borrasca populista que hace que muchos partidos filo fascistas parezcan respetables y sus programas razonables. Pero esto es debido a la profunda crisis de la socialdemocracia y al travestismo político de la derecha democrática que es, en último termino, quien debe frenar a la extrema derecha. Solo cuando la derecha democrática ha desfallecido han ocupado su lugar opciones más extremas. Y aquí el FN se está beneficiando mucho del estado de guerra civil de la UMP.
Marine Le Pen y el FN siguen siendo un voto de castigo, de momento su victoria no ha dejado de ser una anécdota que adorna las aburridas páginas de política de los diarios. Es responsabilidad de los grandes partidos que no pase de ahí. Puesto que la extrema derecha es el veneno de la República.