jueves, 18 de diciembre de 2014

Editorial: La ratonera rusa.


Dentro de los perdedores de la bajada del precio del petróleo Rusia se lleva la palma. Esta semana, cuando el barril Brent, está en torno a los 60$, los números de la Federación Rusa comienzan a tambalearse.
En los últimos dos días el rublo ha bajado su cotización un 50% respecto al dólar y ha cundido el pánico entre los reguladores de la Federación. El un desesperado intento por mantener el rublo, el Banco Central ruso subió los tipos de interés de 10'5% al 17%, pero la moneda ha seguido cayendo en picado. La situación de la economía rusa ha entrado tan en barrena que se ha abierto una página, zenrus.ru, donde se puede seguir el cambio frente al dólar, euro y el precio del barril Brent. El segundo indicador del mal estado de la economía rusa es que las tiendas están empezando a rotular discretamente en dólares o en euros. A esto se le une una leve desaceleración china, lo que provoca un descenso en la demanda de petróleo, acentuando su descenso.
La subida de los tipos de interés buscaba frenar la caída del rublo, evitando así la inflación al reducir la oferta monetaria. Pero muchos expertos han subrayado el mal paso dado por el Banco Central, ya que al reducir la oferta monetaria también reducen el crédito en una época en la que muchas empresas les está vetado el acceso a los mercados internacionales en busca de financiación. Muchas de las grandes empresas rusas tienen que hacer frente a pagos de deuda que, con la devaluación del rublo tendrán que hacer un mayor esfuerzo para pagar en dólares cada vez más fuertes. Por eso la reducción del crédito puede suponer un mayor escoyo. Aunque el estado de la deuda pública rusa es bastante saludable, apenas el 14% del PIB, corre el peligro de se viva una situación similar a la española. La deuda privada ha aumentado de 100.000 millones de dólares a 700.000 en menos de diez años y, debido a las sanciones y la falta de liquidez, podría suceder que el Estado ruso saliese al auxilio de sus grandes empresas. La alianza entre el Kremlin y los grandes oligarcas no le dejaría a Putin otra opción, produciéndose un trasbase entre la deuda privada a la deuda pública.
La otra cara de la moneda es que, de seguir esta tendencia, Rusia podría verse obligada a recurrir al Fondo Monetario Internacional, lo que provocaría la caída de su ejecutivo. La aprobación del presidente de la federación depende de la situación de su economía. Putin es popular por devolver a Rusia el orgullo y la independencia perdida tras el final de la Guerra Fría. Independencia basada en la autonomía económica que le ha permitido convertirse en un polo alternativo a Washington.
Aunque el rublo ha frenado el miércoles su caída en medio de un gran nerviosismo, la situación está lejos de calmarse. No sabemos dónde están las líneas rojas para el bienestar de Putin, ya que es difícil analizar el comportamiento de las sociedades de la esfera ex soviética bajo los mismos parámetros que occidente. Mientras en occidente una situación similar, habría terminado en elecciones anticipadas, en Rusia la población podría cerrar filas en torno a un líder fuerte, y Putin sin duda es un líder fuerte, o al menos se comporta como tal.
Ante semejante escenario el líder ruso saca pecho y está protagonizando no pocos incidentes en aguas y espacio aéreo de la OTAN. Portugal ha denunciado violaciones de su espacio aéreo. Una aeronave civil noruega casi colisiona con un mig soviético y los países Bálticos no dejan de denunciar violaciones de sus aguas jurisdiccionales. Todo ello sin olvidar las maniobras rusas en el Canal de la Mancha o la crisis del submarino ruso en aguas suecas.
¿Suponen estos incidentes un incesante recordatorio de que, por mal que esté, a Rusia hay que tenerla siempre en cuenta? Posiblemente sea así debido al conflicto latente que mantiene con Ucrania y la Unión Europea. Pero parece que esta vez occidente está venciendo sin pegar un solo tiro por la vía del poder económico: bajar los precios del petróleo e iniciar una tercera ronda de sanciones económicas. A Rusia se le está preparando, en palabras del diario El País, la tormenta perfecta: una bajada brutal de los precios del petróleo, varias rondas de sanciones económicas y una fuga de capitales no vista desde 1998. Es posible que éste sea el motivo de que Rusia saque las garras ante la ofensiva económica que está acometiendo occidente. Un conflicto localizado Este-Oeste provocaría una subida de los precios del petróleo que tanto necesita la economía rusa, a un paso del desastre. Pero pensar que Rusia está forzando un incidente internacional por motivos económicos podría parecer exagerado y típico de teorías conspiratorias. Pero, al fin y al cabo, como decía Oscar Wilde: "Todo puede cambiar excepto Rusia"

domingo, 2 de noviembre de 2014

Las leyes de la petropolítica 2


Hace unos años publiqué en esta bitácora un artículo analizando un libro de Thomas Friedman que hablaba sobre el escenario petrolífero mundial, con especial incidencia en la dependencia de EEUU del petróleo de Oriente Medio. En él, Friedman defendía que EEUU debía ser más verde, tener un ejército y una economía que apostase por las energías alternativas como vía para mantener una política exterior menos rehén del caos de Oriente Medio.
Hoy la situación ha cambiado radicalmente.
Como comentaba anteriormente, la controvertida técnica de fracking ha llevado a Estados Unidos a ser un importante productor de petróleo mundial, posiblemente en 2015 el primer productor de crudo del mundo. Este hecho ha trastocado el tablero geoestratégico mundial.
El gran aumento de la extracción de petróleo en EEUU ha propiciado una bajada de los precios del crudo hasta poco más de los 86 dólares el barril Brent (de referencia en Europa), no solo eso, la crisis en Japón y UE, así como el menor crecimiento chino han provocado una caída de la demanda de crudo.
Ante esta situación los países de la OPEP siempre habían pactado una reducción de la producción para mantener unos precios relativamente altos, pero en este caso, Arabia Saudí ha sacudido la estrategia al anunciar que mantendría el ritmo de extracción. Una estrategia que se complementa con la tendencia alcista de la extracción en EEUU.
Las consecuencias de esta estrategia saudí y americana son profundas.
Por una parte, Arabia Saudí puede permitirse el lujo de soportar unos precios inusualmente bajos, entre 60-70 dólares el barril debido a la facilidad de extracción y refinado de su petróleo. Con ello puede conseguir numerosas ventajas geopolíticas y económicas. En primer lugar, puede convertirse en la principal potencia regional al reducir los ingresos del estado Iraní que tanto dependen del petróleo. No solo eso, unido a la estrategia de EEUU, puede asfixiar las expectativas económicas de la banda terrorista del Estado Islámico.
Con respecto a la Unión Europea, uno de sus principales clientes, un petróleo barato y de calidad puede echar por tierra los planes de implementación de las energías alternativas. Un petróleo barato unido a un Euro fuerte hace de las energías alternativas menos atractivas y viables.
Dentro de esta misma estrategia, Estados Unidos puede convertirse en lo que los expertos llaman productor bisagra, es decir un actor que por su importancia extractiva puede modificar los precios del crudo. Las ventajas geopolíticas para Estados Unidos son tan importantes como evidentes.
La primera de ellas es llevar a cabo una política exterior más independiente y menos ligada al caótico escenario de Oriente Medio. Puede que por eso Obama haya desentendido los últimos conflictos en la zona: Siria y el Estado Islámico. Pero otra ventaja importante de los bajos precios de crudo es asfixiar las economías de sus rivales o Estados incómodos. Un ejemplo paradigmático lo tenemos en Venezuela, país con las mayores reservas de petróleo conocidas (según PDVSA) que se ha visto obligada a importar crudo de Argelia. La economía venezolana, que subvencionaba a países afines, se encontraba muy cómoda con precios por encima de los cien dólares el barril, situación que parece aún va a tardar en darse.
La otra gran ventaja geoestratégica para Estados Unidos son las complicaciones que estos precios del crudo tienen para la economía rusa. A las sanciones económicas, la fuga de capitales, la enorme depreciación del rublo se le suma ahora la reducción en los ingresos por la venta de hidrocarburos.
Es bien sabido que la economía soviética, como ahora la rusa, dependía en exceso de la venta de hidrocarburos y sus beneficios subvencionaban las renqueantes economías de las democracias populares. Cuando, a mediados de los ochenta, se produjo una caída de los precios del petróleo el Kremlin entró en tan serias dificultades que terminaron con la caída del bloque soviético.
Hoy Rusia no tienen que soportar cargas semejantes a las del antiguo imperio soviético, pero es evidente que una merma en sus ingresos harán de su política exterior menos audaz y menos agresiva. Moscú cuenta con la ventaja de que su población está acostumbrada a soportar unas condiciones de vida subestándar, con lo que Putin goza de una gran popularidad a nivel interno. Pero también es sabido que por debajo de los ochenta dólares el barril las luces rojas se encienden en el presupuesto del Kremlin. Sin reserva de divisas y con rublo cada vez más débil esta perspectiva es preocupante hasta para Vladimir Putin.
Pero las consecuencias también son profundas tanto para la Europa Comunitaria como para Japón. Para ambas economías, con raquíticos crecimientos económicos, el enfrentarse con un petróleo barato puede suponer una ventaja frente a las todavía caras energías limpias. Pero también puede suponer una desventaja enorme, ya que en ambos casos los índices de precios están coqueteando con la deflación. Un petróleo barato puede significar la diferencia entre unos raquíticos índices de inflación y la caída en deflación con lo que las abultadas deudas de éstos bloques serán más pesadas, así como las repercusiones que tendrán en el consumo y el empleo.
Así pues, Estados Unidos y la decisión saudí de mantener los índices de extracción están revolucionando el tablero geoestratégico mundial. Ver qué derroteros toma la política exterior de las grandes potencias para asegurar su acceso a los recursos e impedir que sus rivales lo logren será apasionante. 

lunes, 27 de octubre de 2014

Lame Duck prematuro


El Presidente Barack Obama se enfrenta el martes 4 noviembre, primer martes después del primer lunes de noviembre, a las elecciones de mitad de mandato donde se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Según todas las encuestas el GOP seguirá dominando la cámara baja del Congreso, pero los demócratas corren el riesgo de perder el Senado con lo que dificultaría aún más el tramo final de su presidencia.
Tradicionalmente éstas elecciones inauguran el período de Lame Duck cuando el Presidente se encuentra en su segundo mandato. En política interior su capacidad de reformas o iniciativa se desinfla notablemente y los presidentes buscan perpetuar "su legado" con una audaz acción exterior. Pero los tropiezos en política exterior del presidente hacen muy difícil que Obama pueda protagonizar algún proyecto de envergadura.
En política interior, Obama tiene un saldo relativamente positivo, sobre todo en lo relativo a la gestión económica. Heredó un país en recesión y, mediante una política de estímulos que provoca envidia a este lado del océano, ha llevado a Estados Unidos a la senda de la recuperación y el empleo. (un 6% de paro frente al 12% de la zona Euro). No solo eso, ha sido capaz de ir reduciendo poco a poco los estímulos, capitaneados por el relevo en la FED, sin que el crecimiento se vea resentido. Así, el sector privado, ha ido tomando las riendas de la economía para consolidar la recuperación iniciada por el sector público. No solo eso, sino que Estados Unidos está siendo pionero en la extracción de petróleo de esquisto mediante la polémica técnica de Fracking que tiene tantos defensores como detractores. Los detractores defienden, no sin fundamento, que esta técnica de extracción mediante chorros de alta presión contamina las aguas freáticas constituyendo "pan para hoy y hambre para mañana". De hecho, Washington alentó a Bruselas a buscar la independencia energética respecto a Rusia quitándole el miedo a la técnica del fracking. No obstante los recelos Comunitarios respecto a semejante técnica persisten no sin motivos. No obstante, hoy por hoy, no podemos negar que el fracking está suponiendo una auténtica revolución en la extracción de hidrocarburos que está cambiando el orden mundial. Estados Unidos ya ha adelantado a Arabia Saudí como primer país extractor de petróleo y va camino de la autosuficiencia energética con todo lo que eso conlleva: una pérdida de interés americano en lo que sucede en Oriente Medio y una bajada considerable en los precios del petróleo, llevando las finanzas rusas (entre otras) a una peligrosa línea roja.
Pero todos estos pasos en la economía no se han asimilado como éxitos para el gran público. Puede ser por el hecho de que su gran promesa, la reforma sanitaria, no haya sido todo lo ambiciosa que Obama prometió en las elecciones. El Obamacare ha sufrido muchos recortes desde su planteamiento inicial y hasta ha pasado el examen del Tribunal Supremo, pero ha quemado mucho de su capital político. Obviamente, la Casa Blanca ha achacado semejantes recortes del Obamacare al obstruccionismo del Congreso, lo que no es falso. Pero tampoco es inusual que los presidentes se tengan que enfrentar a un Congreso hostil. De hecho si observamos la tabla, lo inusual es que la Casa Blanca cuente con un cómodo respaldo del Congreso. Pero tampoco es menos cierto que el actual GOP es menos proclive a acuerdos con el presidente desde que ha sido secuestrado por la pandilla de tarados de extrema derecha del Tea Party. El Tea Party practica el mayor obstruccionismo a las políticas del presidente y ha empujado a los miembros más moderado del Partido Republicano a hacer lo mismo, el resultado ha sido un Congreso hostil a la Casa Blanca y la pérdida del centro político, haciendo posible la segunda victoria de Obama. No solo eso, el Tea Party ha logrado que Hillary Clinton esté por encima en los sondeos de cualquier contrincante del GOP.
Los fracasos en política exterior también han echado por tierra los índices de aprobación del Presidente. Después de la falta de éxitos en las guerras de Bush, Obama es reacio a mandar tropas al avispero de Oriente Medio y, ahora que EEUU camina hacia la independencia energética, se queda sin motivos geopolíticos para ello. Así que los numerosos conflictos en la zona se están descontrolando ante el repliegue americano. Éste repliegue ha iniciado dos debates: el posible declive de Estados Unidos como hegemón y la falta de un sustituto viable para el puesto. No solo no hay un sustituto como potencia hegemónica que asuma los riesgos de Estados Unidos, sino que tampoco hay potencias regionales dignas de tal nombre que los asuman.

La unión Europea es incapaz de tomar las riendas del conflicto de Ucrania si no es de la mano de Washington. Las monarquías conservadoras del Golfo Pérsico no son capaces de unificar esfuerzos contra el ascenso de Irán si no es con ayuda americana e Iraq, Turquía y Siria no son capaces de golpear a los tarados del Estado Islámico sin la cobertura del Tío Sam. Estos son algunos ejemplos que parecen ilustrar cómo el repliegue americano solo trae el caos en muchas zonas. De ahí que el Doctor Kissinger en su último libro, orden mundial, haga un llamamiento a una mayor implicación de Estados Unidos.
El desastre en la gestión del conflicto Sirio y la falta de respuesta a la anexión de Crimea por Rusia ha llevado al público americano a ver a Obama como débil en política exterior.

Poco suele influir la política exterior en el votante y menos en unas elecciones de mitad de mandato que se leen en clave interna. Pero la debilidad de Obama en política exterior, sumada a su incapacidad de llevar a buen puerto las reformas de calado que prometió hacen del Presidente un apestado político. Pocos, por no decir ninguno, de los candidatos a la Cámara o el Senado quieren tener a Obama al lado.
Por tanto, Obama ya parece un lame Duck desde antes de que tome posesión el último Congreso de su mandato. En esta percepción pesa mucho el juego de las expectativas. Obama fue el candidato ilusionante que ganó al establishment que representaba Hillary y que devolvió la casa Blanca a los pequeños electores. El que iba a redistribuir la riqueza frente a las prácticas abusivas del gran capital, quien iba a meter a Wall Street en cintura después del colapso de Lehman Brothers...¿Dónde ha quedado ese Obama? Pues sepultado por la realidad.
Uno de sus más indiscutibles éxitos fue una forma más multilateral de entender las Relaciones Internacionales, pero lo que a priori parecía positivo ha derivado en un caos internacional. El Hegemón se encuentra asediado por el caos de la primavera árabe, el auge de China, la agresividad rusa y la pasividad de la Europa Comunitaria. Todo esto empaña sus buenas formas en política exterior.
Por ello, los índices del presidente no dejan de caer, parece más un primer ministro en retirada que el Jefe de Estado de la potencia indispensable y, lo que es peor, no parece que la situación de Obama vaya a mejorar de aquí al final de su mandato.

martes, 23 de septiembre de 2014


La semana pasada, los escoceses fueron llamados a las urnas para decidir el futuro político de su país. Las opciones eran claras, bien rompían con más de trescientos años de convivencia, bien se mantenían en la familia de naciones que constituye el Reino Unido.
Pero aunque era una pregunta sencilla, las respuestas esconden una realidad mucho más compleja. A pesar de tratarse de opciones enfrentadas, ambas partes defienden el fair play del proceso y el espíritu pactista que hizo posible la consulta, pero aquí también hubo un juego de poder. 
Alex Salmond, con amplísimo apoyo en el parlamento escocés, planteó la celebración de un referendo como vía para asumir más competencias. No se planteaba un escenario de independencia o continuidad, sino que, bajo la amenaza de la independencia se soterraba la opción devo max. Corría 2012 y en plena exaltación británica envuelta en los éxitos de los Juegos Olímpicos de Londres, el PM David Cameron, jaleado por la bancada Tory, decidió no ceder al chantaje y pactar una pregunta con solo dos respuestas, independencia sí o no. David Cameron se basaba entonces en unas encuestas que pronosticaban la victoria del no con una ventaja de hasta treinta puntos, así que decidió poner a prueba al independentismo escocés y al propio Salmond. 
No voy a negar que hasta hace poco estaba de acuerdo con la postura del PM. En España hemos sido testigo de muchas cesiones de competencias como resultados de pactos electorales o para asegurarse el apoyo del partido nacionalista de turno, así que enfrentar al nacionalismo con sus mismas armas y no ceder al chantaje tenía cierto atractivo. Pero David Cameron se equivocó y a punto estuvo de destruir el Reino e iniciar un seísmo político en Europa de inciertas proporciones. Ganó el no, pero el PM no tienen nada que celebrar. 
El principal error del PM es el que se comete siempre que se convoca un plebiscito, no tener bien claro el resultado del mismo, pero claro, cuando se convoca a dos años vista todo puede pasar. El segundo error fue subestimar el hartazgo de los escoceses con respecto a las medidas de Londres. Los escoceses suelen votar más escorados a la izquierda que los ingleses, pero el menor peso demográfico hace que, elección tras elección, los Tories se terminen imponiendo en Westminster e impongan su programa a la socialdemócrata Escocia. Bajo ese prisma y en una legislatura plagada de recortes, auge de las tasas universitarias, rescate del NHS, etc no es de extrañar que los escoceses estén ávidos de mayor autonomía. Pero la opción si/no tuvo el efecto de polarizar las posiciones e hizo obsoleta la encuesta en la que Cameron basó sus previsiones. 
Los escoceses apoyaban mayoritariamente una ampliación de su autogobierno, hecho por el que las encuestas en 2012 daban un bajo apoyo a la independencia. Pero en cuanto se planteó al votante elegir sin la opción devo max, los apoyos del sí ascendieron a niveles preocupantes para Downing Street. 
También se menospreció la habilidad de Salmond en campaña electoral. Se enfrentaba a un auténtico animal político que consiguió su primera victoria contra Cameron al pactar un referendúm que éste creía ganado. 
Salmond logró con su campaña positiva e ilusionante darle la vuelta a las encuestas. Tuvo una asombrosa ayuda de la negativa y muy mal llevada campaña del no. De hecho, resulta difícil hablar de una "campaña del no" porque no tuve la sensación de que hubiese un programa organizado y coordinado de actos destinados a convencer al electorado más allá de un racimo de amenazas. 
Así que, no fue hasta la publicación en The Times de la encuesta de YouGov que situaba el Sí por delante, cuando se produjo un desembarco de políticos unionistas en Escocia. Hasta entonces las riendas de la campaña del no se habían dejado al exministro del Tesoro, el laborista Alister Darling, que increíblemente había ganado el primero de los debates de la campaña. El ex canciller del Exchequer puso de manifiesto las debilidades del proyecto de Salmond: la incertidumbre económica. 
Aún así, tras la derrota del primer debate por parte de los independenristas, se produjo un efecto rebote con el auge del si en los sondeos. Salmond no supo contestar a varias preguntas sobre qué moneda iba a ser la escocesa tras la secesión, tanto intentó desviar la atención que obtuvo los abucheos de varios asistentes.
La derrota de Alister Darling en el segundo debate terminó por asustar a los políticos unionistas de Londres que, presa del pánico, se plantaron en Escocia para convencer a los votantes. El nuevo líder de esta renovada campaña fue el ex primer ministro laborista, el escocés, Gordon Brown. Gordon Brown hizo un trabajo memorable. Con el consenso de los tres partidos, Gordon Brown se recorrió Escocia dando, por primera vez, un enfoque positivo a la campaña del unionista, haciendo hincapié en los lazos que unen a los escoceses con el resto del Reino. Por fin la campaña Better Together respondía a su nombre y había dejado atrás las amenazas para, con un discurso vibrante, conjugar la ilusión con las promesas de mayor autogobierno. La historia había rescatado al huraño Brown para devolverle su momento de gloria. La mayor parte de los medios anglosajones sabían que debían ser los laboristas y, en este caso, un ex PM escocés quien llevase la batuta del no. Se tenía casi por seguro que el desembarco del PM, David Cameron, podría ser contraproducente por la aversión que la mayoría del electorado escocés tiene a los Tories.
Si la cesión de mayor autogobierno a Escocia supone una cara de la moneda, la otra viene dada por la resurrección de la cuestión West Lothian. Los Comunes escoceses, mayoritariamente laboristas, participan y deciden sobre cuestiones que afectan a una Inglaterra carente de autogobierno. El melón que se ha abierto esta semana con la victoria del no deberá conjugar las promesas de mayor autogobierno a Escocia con la desafección creada en Inglaterra.
Posiblemente el PM David Cameron tenga entre manos la cuestión constitucional de mayor calado desde la autonomía irlandesa y pretende cerrarla antes de las elecciones generales de primavera de 2015. 
Se ha puesto sobre la mesa la creación de un Parlamento de Inglaterra, con lo que se darían los pasos hacia un Reino Unido federal, un auténtico tabú de la política británica a pesar de que exportaron el modelo a muchas de sus colonias (Canadá o La India). Pero la federalización del Reino Unido conlleva más problemas de los que parece. Sería un Estado federal sumamente descompensado, asimétrico, puesto que una de las federaciones supondría más del 80% de la población y recursos del país, con lo que la política nacional sería un traslado de los intereses ingleses. No solo eso, la relación que tendría un hipotético Ministro Principal de Inglaterra con el PM británico sería igualmente problemática que la existente entre Yeltsin y Gorbachov, en la que el primero no sólo eclipsó al segundo sino que dio la estocada definitiva a la URSS. No quiero insinuar que la creación de un autogobierno inglés genere el final del Reino ni muchísimo menos, pero la cuestión West Lothian y la federalización del reino esconde sus fantasmas. 
La segunda opción es que los Comunes escoceses se ausenten de las reuniones de Westminster en donde que se trate asuntos exclusivamente ingleses. El problema de esta opción es que se estaría creando dos categorías de Miembros del Parlamento.
Otro problema derivado de la federalización del Reino Unido hace referencia a la reforma de la Cámara de los Lores. En un sistema federal, la cámara alta suele actuar como representación de los entes federados. Y no se intuye que el PM o la coalición de gobierno vaya a acometer semejante reforma y menos con los plazos tan breves que se han propuesto. 
En definitiva, aunque la secesión escocesa ha quedado apartada para al menos una generación, las réplicas del seísmo político encierran un endiablado dilema para la vertebración del Reino Unido. Salmond, a pesar de haber sido derrotado, se ha saldado con una importante victoria. No solo va a conseguir la ampliación del autogobierno escocés, sino que ha abierto la cuestión del ordenamiento territorial en todo el Reino. Veremos si el Primer Ministro es lo suficientemente hábil para conjugar unidad y diversidad, algo en lo que el Reino Unido siempre ha parecido modélico y con cuyos problemas estamos muy familiarizados a este lado de los Pirineos. No hay un final previsible a la vista; lo único que me atrevería asegurar es que dudo que el tema esté zanjado para las elecciones generales de primavera. 
De momento ya es un tema espinoso que los Laboristas están tratando en su congreso de Manchester. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Monarquía y Transición en España.


La semana pasada asistimos a un hecho importante en la historia de España. SM el Rey Juan Carlos I abdicó de la Corona española abriendo un nuevo período de la historia de España.
Muchos libros de texto hacen hincapié en que, bien con la llegada del PSOE, bien con la alternancia pacífica de 1996 se produce el final de la Transición en España. Sea como fuere parece que los acontecimientos han echado por tierra semejante lectura. Todo parece indicar que es la sucesión en la Jefatura del Estado la que realmente está marcando el final de la Transición.
Tal y como se están desarrollando los acontecimientos parecía que, a pesar del dilatado reinado de Juan Carlos I, estábamos ante un período transitorio entre la dictardura franquista y el normal desarrollo de la democracia. Se había logrado el normal funcionamiento de las instituciones políticas amparadas bajo el paraguas de la estabilidad en la jefatura del Estado. Pero ahora que SM ha decidido abdicar la Corona, muchos actores políticos están poniendo en cuestión si también la Jefatura del Estado debe seguir como hasta ahora o cambiar.
SM se había ganado el Trono gracias a las reformas impulsadas, pero eso no significaba que el trono se hubiese ganado a España. Muchos la habían aceptado como una medida transitoria bajo la que realizar políticas partidistas propias a la espera de que el padrino de la Transición desapareciese de escena.
Las encuestas venían reflejando una opinión favorable a que el Rey dejase paso al Heredero al Trono. Al principio parecía que SM se mostraba reacio a ello. Muchos han defendedido que el Rey no quería legar a su hijo una Corona en horas bajas y que prefería que recayese sobre sus hombros las malas noticias del Caso Noos para poder legar una herencia sin hipotecas. Pero la profunda crisis se ha contagiado al espectro electoral y eso ha precipitado los hechos.
Los sondeos electorales venían anunciando un fuerte desgaste de las grandes formaciones nacionales, pero no fue hasta las elecciones cuando tal evidencia se plasmó de forma rotunda y más profunda de lo que muchos habían vaticinado.
La irrupción con fuerza de Podemos en el escenario político precipitó los acontecimientos. Hasta entonces, el descontento social por las reformas se había plasmado en distintas plataformas por sectores (marea blanca, marea verde, etc) y ninguna fuerza política había capitalizado el descontento más allá del lógico desgaste de los grandes partidos. Ni siquiera Izquierda Unida habia pasado de un leve ascenso, demasiado leve para tratarse de un descontento generalizado. Pero la creciente aparición en televisión de un contertulio afín a las ideas de Izquierda Unida logró que eclosionara un proyecto que, lejos de consolidarse, se presentaba como la opción contra la política tradicional.
La habilidad de Pablo Iglesias para capitalizar el voto "contra" hizo que lograse más de un millón de votos en las elecciones al parlamento Europeo.
Pero aunque el programa de cambio que propugna Pablo Iglesias aún está por llegar y su fuerza en unas elecciones nacionales está por ver, sí ha conseguido remover los cimientos del edificio institucional.
Es probable que SM quisiera esperar a abdicar en momentos mejores para el país y la sociedad. De forma que la cuestión al sistema no se extendiese a la Corona. Pero la ausencia de una LO de sucesión (que por otra parte, Mariano Rajoy decía no era urgente) hizo temer a la Corona la conformación de unas Cortes más hostiles a la aprobación de semejante legislación. Así que, de forma un poco precipitada, se ha anunciado la abdicación para que tenga lugar una sucesión lo más temprana posible, amparada por un parlamento amable en medio de la legislatura y evitando que las dos citas electorales de 2015 no se presenten como un plebiscito entre Monarquía o República.
El relevo en la jefatura del Estado se está produciendo con toda normalidad, incluidas las manifestaciones pacíficas en pro de la república o, al menos, de un referéndum que establezca qué forma de Estado se prefiere.
No poca gente ve el relevo en la Casa Real como una oportunidad para acometer una profunda reforma del sistema que afecte a todos los ámbitos de la vida política. Se habla de iniciar un nuevo proceso constituyente tomando el referéndum para la jefatura del Estado como punto de partida. Pero la sucesión en la Jefatura del Estado también pone en evidencia lo variopinto de las opiciones reformistas, la heterogeneidad de fuerzas políticas que las impusan y su completa desunión.
También está por ver el peso real de estas opciones políticas en el escenario político nacional. Hemos visto la fuerza de Podemos en unas europeas con una baja participación y con una única circunscripción. La cuestión residen en si esta fuerza llegará viva a las elecciones generales y no sufre una crisis que acabe con el partido desde dentro como le está sucediendo a AGE en Galicia. También está por ver el impacto de una mayor participación en las generales y la división en circunscripciones provinciales.  
Algunos analistas han apuntado que el ascenso de estas alternativas y, sobre todo, la decisión de Rubalcaba de retirarse del liderazgo del PSOE precipitó la abdicación. Con un PSOE bajo liderazgo de Rubalcaba, la Casa Real y el gobierno sabía que tendrían asegurada la lealtad institucional de un partido de gobierno. Esperar a que la socialdemocracia tenga otro líder era una incertidumbre que la operación no quería permitirse. 
La abdicación del rey también ha despertado un alud de referencias a la Transición, tanto del lado republicano como monárquico. Del lado republicano se subraya el hecho de que la ciudadanía tuvo que votar en 1978 por un paquete cerrado donde estaba la monarquía como componente de la democracia. Los monárquicos destacan el valioso protagonismo de SM en el proceso de Transición a la democracia y la estabilidad que la Corona aporta a la Jefatura del Estado, lejos de vaivenes políticos. Pero, en mi opinión, la época es bien distinta como lo son las bases del debate. En 1975 la sociedad española tenía claro que el proyecto político para España era la democracia. Se discrepaba en los medios, reforma o ruptura. Ahora los reformistas no cuentan ni con protagonistas, ni con un proyecto claro, unificado y coherente. También está por ver la voluntad de la sociedad española, puesto que, si bien en 1978 el consenso constitucional fue muy amplio, ahora no se vislumbra semejante nivel de acuerdo. Amplias capas de la sociedad española no están por el cambio, no creen que un cambio de tanto calado sea pertinente. 
No son demasiados los monárquicos convencidos en España y puede que esa sea la gran ventaja con que cuenta la Corona. Los republicanos convencidos son más, pero representan diversas formas de pensamiento y organización. En este país la mayoría de la gente es republicana no practicante, mientras la Jefatura del Estado sea digna, barata y funcional no van a mover un sólo dedo por ese republicanismo. Y la actual jefatura del Estado ha sido y es digna, barata y funcional. Sólo en tiempos recientes, cuando la Corona se ha apartado de este mantra se han agudizado las voces republicanas. No porque la república haya cobrado prestigio, sino por demérito de la Corona. Es por eso que se produce este relevo generacional, para que la institución recobre la dignidad y funcionalidad de la que ha hecho gala hasta hace bien poco. Es por ello que las encuestas muestran un apoyo cauto a Felipe VI, basado más en un rechazo al salto al vacío que preconizan muchos que una aceptación convencida del modelo republicano. 
Una cosa sí tiene la sociedad española en común con 1978, sigue siendo eminentemente cauta. Si Felipe VI lo hace moderadamente bien, entre la falta de un proyecto común de los promotores del republicanismo y la inercia de la estabilidad tendremos monarquía para rato.

lunes, 26 de mayo de 2014

Elecciones en clave europea.



Ayer concluyó el largo proceso electoral europeo que comenzó el jueves en Holanda y Reino Unido. Aunque los resultados holandeses se fueron filtrando, no fue hasta que se cerraron los colegios electorales en Italia, el momento de ir conociendo los resultados oficiales.
A nivel nacional los resultados están suponiendo un auténtico seísmo cuyas consecuencias inmediatas están por analizar, por lo que me centraré en un óptica continental.
Los resultados globales no ofrecen sorpresas. Pese al avance a nivel continental de fuerzas anti europeas y de tendencias extremas, el bloque de los democristianos y socialdemócratas europeos aguanta el tirón con poco más de 400 diputados.
El candidato democristiano luxemburgués Jean Claude Juncker se ha hecho con la victoria por 27 escaños sobre el socialdemócrata Martin Schulz. Pero la ajustada victoria del bloque centrista les va a obligar a cooperar más que nunca, si cabe.
Se ha hablado de gran coalición a la europea, pero en los últimos treinta y cinco años EPP y PES han estado gobernando juntos, votando juntos en el 70% de las ocasiones y repartiéndose los cargos de la Unión. ¿Qué cambiará? Pues en este sentido bastante poco, tal vez el EPP deba moderar su discurso de la disciplina fiscal y abrir un poco la mano en cuestiones presupuestarias, pero me temo que sin el permiso del Consejo sólo serán migajas.
Tras la batalla electoral en las urnas, el Europarlamento espera que el Consejo proponga como Presidente de la Comisión al vencedor de las elecciones, algo que no está asegurado. Según el Tratado de Lisboa, el Consejo propondrá el candidato a presidir la Comisión teniendo en cuenta los resultados electorales. ¿Y qué significa esto? Pues quién sabe, porque dada la ambiguedad del texto "teniendo en cuenta" los Jefes de Estado y Gobierno de la Unión bien podrían proponer otro nombre. El problema para ellos es que Lisboa reserva mayores y más importantes atribuciones al Europarlamento. Una de ellas ratificar al candidato propuesto por el Consejo. Tanto Juncker como Schulz han declarado que solo sus nombres estaban en liza en estas elecciones y, tras los resultados de ayer, solo el nombre de Juncker está legitimado para presidir la Comisión.
Los líderes de los grupos parlamentarios avisaron durante el debate electoral al Consejo que el Parlamento Europeo no aceptaría un nombre distinto al vencedor de las elecciones debido a las declaraciones de Merkel de que el Consejo, tal y como estaba redactado el Tratado, podía proponer un nombre distinto.
Juncker, a pesar de formar parte del mismo partido que Merkel y haber contado con su apoyo para ser nombrado candidato del EPP, es un hombre incómodo para la canciller. Cuando éste era PM de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo mostró una actitud mucho más independiente y desafiante ante la canciller que el actual, el socialdemócrata holandés Dijsselbloem, por lo que Mr. Juncker al mando de la Comisión podría constituirse en un contrapoder al liderazgo de Merkel, o cuanto menos adquirir mayor independencia que el servil Barroso. 
Por eso, aunque el Consejo y la colaboración intergubernamental han cobrado protagonismo en la Unión tras la severa crisis del Euro, la elección de una Comisión un poco más independiente supone un matiz importante. 
No solo Merkel ha insinuado que el Consejo podría elegir a alguien distinto. El gobierno británico lleva semanas maniobrado para que Mr. Juncker no ocupe el Berlaymont. Resulta un candidato peligroso para las aspiraciones del número 10 por ser de los últimos políticos que defienden una Europa más ferderal como la había imaginado Schuman. El plan de David Cameron es renegociar las competencias del Reino Unido de forma favorable para, en 2017, convocar un referendúm que esté en condiciones de ganar. Mantener al Reino Unido dentro de la Unión con un estatus especial, una especie de Cheque Británico 2.0. Pero Cameron sabe que con Juncker o Schulz en la Comisión será difícil llevar a buen puerto semejante proyecto.
David Cameron, que tiene una buena relación con Merkel, parece estar presionando a la canciller para que el Consejo proponga un nombre alternativo. Pero hacer tal cosa podría herir de muerte a una parte vital del proyecto europeo. Siempre se ha achacado a la UE ser una unión de mercaderes donde el aspecto social y democrático se dejaba a un lado en favor de los objetivos económicos, semejante unión lastraba siempre las cifras de participación en las elecciones europeas donde el elector veía que votase lo que votase servía para poco. El Tratado de Lisboa quiso solucionar esto dando un mayor protagonismo a la Eurocámara, que el Consejo se salte a la primera de cambio el resultado electoral sería catastrófico para este punto del Tratado y, por ende, para el proyecto democrátizador de la Unión.
La crisis del Euro ha supuesto una aceleración en el proceso de integración europea, pero esa integración se está haciendo deprisa y bajo los parámetros unilaterales de ciertos países, lo que está abriendo grandes brechas que se han dejado sentir en los resultados electorales.
La integración no se ha realizado fortaleciendo las instituciones europeas que, con la excepción del BCE, se han visto subordinadas a la actividad intergubernamental propiciado por el auge del poderío alemán y la merma de la influencia política francesa.
Es muy irónico que sea esta Europa intergubernamental, soñada por Margaret Thatcher en su célebre discurso de Brujas, la que incomoda a Cameron.
Para bien o para mal la crisis de la moneda única ha empujado a una mayor integración fruto de la interconexión de las economías de la zona Euro. La marcha atrás del proyecto Euro es una quimera y todos pagaríamos un alto coste si regresásemos a las monedas nacionales. Pero las víctimas que los dolorosos ajuste están dejando por el camino son terreno abonado para un sin fin de opciones políticas nuevas.
En el Reino Unido David Cameron aireó el fantasma de la Unión para ganar adeptos por la derecha, pero los frutos de ésta política los está recogiendo el otrora marginal UKIP. ¿Qué ha sucedido para qué la siempre Euroescéptica Albión haya dado el paso a favorecer al UKIP? Probablemente ha sido otra de las consecuencias de la integración acelerada de la crisis del Euro. La Europa a dos velocidades es ya una realidad y la diferencia entre un bloque monetario y "todos los demás" puede suponer una ventaja para el Reino Unido, pero puede resultar un margiando de la actividad financiera si el Eurogrupo conforma una unión más perfecta y cohesionada. Es por ello que Cameron desea renegociar un nuevo estatus que garantice la funcionalidad de la City a la que debe un porcentaje importante de su PIB.
El ascenso de la extrema derecha en Francia es más pasional que la racional Gran Bretaña, donde ya se sabe que no hay aliados permanentes, sólo intereses permanentes. El Hexágono siempre ha mantenido una postura beligerante contra las opciones mundializadoras que supusiesen una merma a su mastodóntico Estado del bienestar.
La tendencia alcista del FN podría ser poner la venda antes de la herida. La proximidad a países tan afectados por la crisis de deuda como España o, en menor medida, Italia podría haber puesto sobreaviso al electorado galo sobre las consecuencias de aplicar las medidas recomendadas por Bruselas, medidas que el ejecutivo Hollande-Valls está aplicando. Ésto, unido a la pérdida de peso de Francia y el auge político-económico alemán podrían ser los mimbres de los buenos resultados de Le Pen.
Pero a ambos caso los une no solo tratarse de opciones más o menos extremistas, sino de haber votado en clave mucho más interna que otros países. La lectura ha de hacer se en clave de política interna inglesa, de cara a las generales de 2015, y francesa. De hecho, lo primero que ha hecho Le Pen es denunciar la falta de legitimidad de la actual Asamblea Nacional y pedir nuevas elecciones legislativas. Por ello, su victoria no va a tener importantes consecuencias en las instituciones comunitarias.
No todo han sido victorias del lado de los extremistas. El holandés Wilders ha cosechado una derrota inesperada y su frente antieuropeo junto a otros países se quedará en nada. Eso unido a lo poco que une a estos partidos, salvo su odio a Europa, hará muy difícil que logren articular un discurso unificado y menos coherente. 
Resulta llamativo que, con la salvedad de Grecia, los países mediterráneos sean los únicos que no han mandado a partidos extremistas a la Eurocámara, teniendo en cuenta que la crisis se ha cebado en mayor medida con ellos. Debe ser el voto del miedo a que se extienda por el norte lo que ha alimentado ese voto extremista en la Europa protestante y en Francia. 
Por eso, aunque han sido unos comicios plagados de matices, caracterizado por el ascenso de las fuerzas antieuropeos, el núcleo duro de la Unión ha quedado relativamente a salvo. Los Socialdemócratas y Democristianos europeos deberán trabajar esta legislatura aún más codo con codo para que la desafección no crezca y para que el proceso de integración europea se haga respetando las instituciones y no usandolas para pasar por encima de los ciudadanos. Es, sin duda, una tarea hercúlea. 

lunes, 19 de mayo de 2014

1914: El centenario


El 28 de junio del año que entra se cumplirá el centenario de la chispa que hizo prender en Europa la larga guerra civil que asoló el continente hasta 1945. Las causas de la I Guerra Mundial son muchas y muy profundas. Al igual que pasa con los accidentes aéreos, no existe una sola causa que condujese a Europa a una larga guerra, sino una multitud de causas que de forma entrelazada condujeron a 1914.
Las rivalidades entre las grandes potencias europeas no eran pocas y habían aumentado desde el reparto de África y la consolidación de Alemania como Estado unificado. Aún así pensar que había un camino que tenía que llevar indefectiblemente a la guerra es difícil de defender puesto que el Concierto Europeo había sobrevivido desde la derrota napoleónica a multitud de crisis. Desde el Congreso de Viena, Europa había vivido un siglo de paz duradera salpicada por conflictos breves y localizados como los que dieron lugar a las unificaciones italiana y alemana.
Es más, el asesinato de Francisco Fernando no era la mayor crisis a la que se había enfrentado el Concierto Europeo. Ya se habían solventado dos crisis marroquíes y balcánicas, una de las cuales conllevó una movilización parcial de los ejércitos austro-húngaro y ruso. Tal vez por ello, por la despreocupación que otorgaba haber llegado siempre a un compromiso, los actores políticos no valoraron lo que muchos consideraron un mero incidente en Sarajevo el 28 de junio de 1914 que terminó llevando a una guerra general en Europa y, más adelante, en el mundo.
¿Cómo un conflicto muy localizado en una región menor de Europa pudo desencadenar el inicio de una larga guerra general en Europa? La respuesta no es única ya que hay que analizar los infinitas motivaciones de las grandes potencias, sus filias y fobias para con los demás países europeos. Esta maraña de causas las analiza de una forma magistral la historiadora por Oxford Margaret MacMillan en su libro 1914, de la paz a la guerra. Y para inaugurar el año que va a entrar sólo apuntaré algunas pinceladas sobre las causas que empujaron a cada potencia a iniciar el camino que terminó llevando a Europa a 1914.
El Reino Unido, el Imperio, cómodamente instalado en la neutralidad que permite a una gran potencia depender solo de sí misma se verá obligada a abandonarla a causa de su aislamiento tras las Guerras de los Bóers: una serie de conflictos coloniales que tuvo el Imperio en Sudáfrica desde 1880 hasta 1902 con granjeros afrikáners de origen holandés que supusieron un peligro para el asentamiento británico en la decisiva colonia del Cabo.
Las distintas potencias europeas acogieron las dificultades británicas en Sudáfrica con una suerte de satisfacción ante la arrogancia del Imperio. Tan aislada debió sentirse Inglaterra, que inició un acercamiento a la otra potencia insular del momento: Japón, con la que firmó un acuerdo de neutralidad en caso de que alguna de los dos potencias se encontrase en guerra. 
En Europa el aislacionismo británico se había tornado en aislamiento puro y duro y se empezaban a oír voces en el Foreign Office a favor de buscar amistades entre las distinta potencias europeas. No una alianza abierta puesto que ya se sabe que los ingleses no tienen aliados permanentes, solo intereses permanentes. Pero en este caso los intereses del Imperio caminaban hacia la búsqueda de algún amigo en el continente.
Pero las relaciones con las grandes potencias continentales se habían deteriorado por distintos motivos. Con los franceses por la carrera colonial en África cuyo punto álgido lo constituye el incidente de Fachoda.
Los británicos tenían su plan de colonización siguiendo el eje norte-sur desde su colonia de Egipto hasta el Cabo. Los franceses seguían un eje oeste-este desde el Sahara hasta su colonia en D'Jibuty ambos planes colisionaron en la localidad sudanesa de Fachoda. Los británicos salieron victoriosos de la pugna debido a la ventaja que le otorgaba su poderosa marina de guerra, pero dejó a los franceses con un rencor que se sumaba a la humillación sufrida por la toma de Egipto en tiempos de Napoleón.
Con Alemania, las relaciones se fueron enfriando, sobre todo tras la muerte de la Reina Victoria y la caída en desgracia de Otto von Bismarck. La unificación alemana había destrozado el equilibrio continental tan preciado por el Reino Unido, pero el Canciller de Hierro había sido lo suficientemente hábil como para que la unificación no significase una amenaza para el concierto de Europa. No obstante, su sustitución por Bernhard von Bülow supuso un giro en los acontecimientos.
Alemania, debido a su tardía unificación, había llegado tarde al reparto colonial en una época donde la grandeza de un país se medía por el tamaño de su Imperio. Bülow sabía que para que Alemania obtuviese "un lugar bajo el sol" era necesario la construcción de una poderosa marina de guerra, algo que despertaría los recelos del Reino Unido. Esto, unido a la falta de pericia política del Kaiser que adornaba una política menos prudente con exabruptos, terminó por convencer al gobierno británico de la necesidad de buscarse otros aliados en el continente.
Con Rusia las relaciones también eran distantes y en casos como el persa existía una completa confrontación. Para empeorar las cosas, la alianza entre Gran Bretaña y Japón le costaría al Reino el escandaloso incidente del banco Dogger en donde una escuadra rusa, de camino a Extremo Oriente, hundió varios pesqueros británicos que faenaban en el Mar del Norte y que casi termina en guerra abierta.
Con el Imperio Austro-Húngaro las relaciones tampoco eran buenas. Sin colonias, Austria-Hungría comenzó a extender su influencia en los Balcanes, donde multitud de pueblos, principalmente eslavos, anhelaban la independencia del moribundo Imperio Otomano. La intervención de Inglaterra y Francia evitó el colapso del Imperio enemistando a la Monarquía Dual con las potencias liberales.
Francia, por su parte, partía también de una situación de aislamiento. El Canciller Bismarck había mantenido a Francia aislada a través de una serie de tratados que ataban a las potencias absolutistas. Eso, unido a la rivalidad colonial con Gran Bretaña, dejaba a Francia completamente sola en el Concierto de Europa. Pero la caída del Canciller de Hierro y el ascenso en Wilhemstrasse de funcionarios menos capaces hizo que el aislamiento francés fuera encontrando sus fisuras. El hecho de que una Monarquía conservadora y absolutista como la zarista terminase aliándose de forma tan estrecha con una república progresista como la francesa es un mérito que se le debe a Alemania, al menos inicialmente.
Aunque las relaciones entre Alemania y Rusia se habían enturbiado con las disputas entre ésta y el Imperio Otomano, donde Alemania tenía importantes intereses económicos, no se produjo una ruptura importante hasta que, tras la caída de Bismarck, el nuevo gobierno cometió la imprudencia de no renovar el Tratado de Reaseguro que tenía con Rusia. El tratado aseguraba la neutralidad de ambas potencias en el caso de una guerra entre Alemania y Francia o bien entre Rusia y el Imperio Austro-Húngaro. La no renovación de este tratado terminó por minar la escasa confianza que el Zar tenía en el Kaiser, llevándole a estudiar diferentes opciones diplomáticas.
La opción más atractiva era Francia, deseosa de romper el aislamiento al que la había abocado los sistemas Bismarckianos, para Rusia suponía un acceso a los mercados financieros que tanto necesitaba para la conclusión del ferrocarril transiberiano y para mejorar su incipiente industrialización. Así pues, sería Alemania quien lanzaría a Rusia a los brazos Francia. Esta torpe política situó al Imperio Alemán ante la difícil posición de tener países poco amistosos en ambas fronteras, situación que Bismarck siempre quiso evitar.
Rusia, por su parte, también estaba deseosa de buscar alianzas en Europa tras el fiasco de la Guerra Ruso-Japonesa de 1905. El Imperio Japonés venció humillantemente a Rusia y la dejó al borde de la revolución en una guerra por el reparto del moribundo Imperio Chino. Aunque el Tratado de Porsmouth fue suavizado, la guerra supuso el límite de la expansión rusa en el pacífico. Tras este golpe, como un animal herido, los ojos de Rusia se tornaron hacia occidente donde no permitiría una nueva humillación. Es en este contexto donde se estrecharon lazos con Francia.
La opción francesa era la más lógica desde el punto de vista zarista, ya que los lazos de Alemania tanto con el Imperio Austro-Húngaro como con el Imperio Otomano se oponían a los intereses de las nacientes naciones eslavas en los Balcanes. Rusia, tras el fiasco en Extremo Oriente, se propuso ser el valedor de la independencia y grandeza de las naciones sudestadas. Sin olvidar su interés en controlar los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. 
El Imperio Austro-Húngaro comenzó el siglo luchando por su supervivencia como Estado. El Imperio Austriaco había gozado de buena salud tras la victoria contra Napoleón siendo uno de los pilares del nuevo Concierto Europeo de naciones. Pero las unificaciones de Alemania e Italia se habían realizado ambas en contra del Imperio Austriaco, dejándolo tan debilitado que la mitad magiar del mismo exigió reformas de calado para que se reconociese la autonomía húngara en pie de igualdad con la parte austriaca del Imperio. A partir de entonces el Imperio Austriaco se transforma en la Monarquía Dual que será el Imperio Austro-Húngaro con sendos gabinetes, sendos parlamentos y un Consejo de Ministros Común. La transformación de la monarquía fue un duro golpe para la dinastía de los Habsburgo que, al igual que pasó con Rusia en la guerra contra Japón, no permitiría una nueva humillación nacional.
Las humillaciones que sufrieron San Petersburgo y Viena vienen a explicar la rigidez de su política exterior y es la causa de que un conflicto localizado en los Balcanes desembocase en una guerra a escala continental. 
El Imperio Austro-Húngaro en su búsqueda de alianzas no le quedó más alternativa que ligar su destino al de Alemania, a la que terminaría arrastrando a un conflicto general en Europa.
Entonces, si las hostilidades comenzaron debido al enfrentamiento entre Austria-Hungría y Rusia en los Balcanes, ¿Por qué el infame artículo 231 del Tratado de Versalles culpa exclusivamente a Alemania de la Gran Guerra? La respuesta se debe a que Alemania era el socio principal de la Triple Alianza. 
Sobre Alemania ha recaído la mayor parte de responsabilidad del conflicto debido al desequilibrio continental que conllevó su unificación. A ello hay que sumar las políticas sumamente inconscientes llevadas a cabo por los sucesores de Bismarck ,una vez subió al trono el imprudente de Guillermo II. 
Guillermo II sucedió en el trono a su padre, Federico III, tras un efímero reinado de un año. Las tendencias liberales de Federico III se vieron truncadas por su temprana muerte y la sucesión por su joven e imprudente hijo no permitirá al Reichtag avanzar hacia fórmulas más democráticas. 
Pronto el Kaiser prescindirá del Canciller de Hierro, quien le hacía sombra y le trataba de forma indolente. El ascenso del nuevo Canciller Von Büllow dará inicio a la Weltpolitik, la búsqueda del lugar que a Alemania le correspondía en la política mundial, es decir, un imperio colonial. Pero Alemania había llegado tarde al reparto del mundo y si quería reunir un imperio de cierta entidad debía ser en detrimento de otros países, lo que dará lugar a numerosas crisis que irán enturbiando la política europea.
Bismarck había hábilmente aislado a Francia en la política continental, pero sus sucesores no serán tan sagaces. La nueva Weltpolitik necesitaba de instrumentos militares para la consecución de un imperio colonial y éste era una poderosa marina de guerra que defendiese los intereses alemanes en ultramar. Pero la construcción de una poderosa marina de guerra por el país que era una potencia continental despertó pronto los recelos de la potencia naval por excelencia: El Imperio Británico. 
La doctrina del almirantazgo del "Two balance power" por la que el Imperio Británico debía tener una marina de guerra que superase la suma de la segunda y tercera potencias navales dio inicio a una carrera de armamentos entre Gran Bretaña y Alemania. 
La política naval alemana fue ejecutada por el Almirante Tirpitz, nombrado jefe del Estado Mayor naval en 1890, se propuso construir tres grandes destructores al año y fue convenciendo al Reichtag para que aprobase sucesivas leyes navales que blindaban el presupuesto naval. Así, Alemania no solo empujó a Rusia a los brazos de Francia, sino que con este movimiento empujó a Gran Bretaña a iniciar un entendimiento con Francia. La imprudente política exterior del Kaiser condujo poco a poco a la creación de la Entente entre Francia, Rusia y, posteriormente, Gran Bretaña. 
Aunque Alemania buscó acuerdos con Inglaterra, éstos nunca llegaron a buen puerto debido a la animadversión que existía por Alemania en el Foreign Office que la había identificado como el principal obstáculo para la hegemonía mundial del Imperio. Descartada Inglaterra y Rusia por su reciente alianza con Francia, a Alemania solo le quedaba estrechar lazos con el Imperio Austro-Húngaro y ligar su destino de forma cada vez más estrecha a la decadente Monarquía Dual. Lo que explica que el socio principal de la Alianza se viese arrastrado a un conflicto en los Balcanes. 
Pero los alemanes no fueron completamente inocentes ya que, si bien se vieron arrastrados por Austria-Hungría, los planes militares alemanes ayudaron a que un conflicto local se extendiese por Europa. 
El famoso plan Schlieffen se ponía en el peor de los casos y organizaba un plan de guerra en dos frentes, donde el grueso de las fuerzas se dirigirían contra Francia. La red de los ferrocarriles franceses era mucho mejor que la rusa y la movilización del ejército francés sería más rápida y mejor organizada que la rusa, por lo que el plan se basaba en asestar el golpe más fuerte en Francia mientras los rusos, más lentos, iniciaban el avance hacia el oeste. Una vez vencida Francia, los ejércitos alemanes podrían vencer sin problemas a los rusos en el oeste aprovechando la velocidad y capacidad de los ferrocarriles germanos. 
Independientemente de cuestiones tácticas y sin entrar en el extenso debate de si el plan estaba bien organizado o fue culpa de Von Moltke que la guerra se emponzoñase en el norte de Francia,  lo importante del plan Schlieffen era su rigidez. La maquinaria de guerra alemana era la mejor del mundo y sus planes estaban rígidamente detallados al minuto. De ordenarse una movilización general para hacer frente a un conflicto, aunque éste fuera localizado, se daría inicio a una operación que involucraría a Francia y extendería el conflicto. Aquí, en mi opinión, radica la importancia de Alemania en el estallido de la I Guerra Mundial. 
Un segundo aspecto del Plan Schlieffen que terminaría llevando a un conflicto general era que se basaba en la violación, si era necesario, de la neutralidad belga. Cuestión que terminaría decantando a Inglaterra hacia la intervención al lado de la Entente. 
Cuando fue asesinado el Archiduque Francisco Fernando, muy pocas cancillerías pensaban que después de peores crisis este incidente fuese a ser el detonante de una guerra general en Europa. Pero el Imperio Austro-Húngaro estaba decidida a aplastar a Serbia y le habían brindado la oportunidad en bandeja de plata. 
Rusia, que al igual que Austria-Hungría no podía permitirse otra humillación internacional, respondió como garante de la independencia serbia a cualquier precio. La rigidez de ambas monarquías absolutas impidió un final negociado de la crisis como había ocurrido en la crisis Bosnia de 1908. Los términos del ultimátum austro-húngaro eran completamente inaceptable por Serbia. Si Austria-Hungría se atrevió a tanto fue porque contaba con el beneplácito alemán. Muchos historiadores sitúan en este punto la responsabilidad alemana, si ésta hubiera presionado a Austria-Hungría como lo hizo en 1908 puede que el inaceptable ultimátum hubiera sido mucho más razonable y el Concierto Europeo hubiera encontrado una salida como había sucedido en crisis anteriores. Pero en lugar de esto, la Monarquía Dual obtuvo de Alemania un cheque en blanco para que actuase según sus propios intereses. 
Una vez que Serbia rechazó el ultimátum austriaco, ésta le declaró la guerra provocando la movilización rusa. Cumpliendo sus compromisos, Alemania le envió un ultimátum a Rusia para que se desmovilizara, cosa que se rechazó. Así se puso en marcha el Plan Schlieffen y lo que era una guerra en los Balcanes se extendió al oeste. Alemania envió un ultimátum a Francia para que se mantuviera neutral (la cesión de importantes fortalezas a Alemania como garantía era un punto inaceptable). Francia rechazó el ultimátum e hizo gala de su alianza con Rusia y comenzó su movilización. 



Quedaba por saber qué haría Inglaterra. Aunque los PM británicos, principalmente Edward Grey, siempre afirmaron tener libertad de acción, lo cierto es que su política estaba íntimamente ligada a la francesa y le sería inaceptable y bochornoso no acudir en su ayuda. 
Los británicos necesitaban una excusa para intervenir y sabían, porque habían descifrado los códigos alemanes, que el Plan Schlieffen se basaba en la invasión belga, país neutral del que Gran Bretaña era su garante. La negativa belga a dejar tránsito a los ejércitos alemanes por su territorio forzó la violación de su neutralidad y el ultimátum británico a Alemania para que se retirase. Cuando expiró el plazo, toda Europa se encontraba en guerra. 
¿Se pudo haber evitado la guerra? La tesis de la autora es que sí, hubo muchísimos momentos en los que el Concierto Europeo se pudo haber apartado del camino de la guerra. Es más, el libro hace hincapié en todos y cada uno de esos momentos en que las potencias pudieron haber tomado otras decisiones, en los que se pudo presionar, echado a atrás e, incluso, en las motivaciones personales de los protagonistas. 
Es curioso que la guerra estallase precisamente en 1914, momento en que la amenaza de las crisis marroquíes y balcánicas se estaba alejando. Los contactos entre los antagonistas comenzaban a ser más frecuentes y las negociaciones parecían tender puentes en lugar de volarlos. Es curioso que un incidente al que muchos no dieron importancia terminase desembocando en un conflicto general para el que parecía no haber alternativa.

viernes, 16 de mayo de 2014

El mito de la democracia española concluye su largo adiós


El pasado 23 de marzo nos ha dejado un referente político que hacía tiempo que estaba en los libros de Historia. Asistimos al luto por el que fue el último Presidente del Gobierno de la dictadura y el primero de la democracia. Por ello la prensa escrita y audiovisual se está deshaciendo en elogios de un político que cuando ejercía política fue denostado por propios y ajenos.
Puede que a nivel personal no estemos ante un personaje de la talla que muchos panegíricos dan a entender, desde luego no era un Churchill o un Roosevelt, pero la labor a la que se tuvo que enfrentar sí puso a prueba todo su ingenio y habilidad política. Puede que fuese un político mediocre en el normal devenir de la política. Pero es que la época en que asumió la dirección del Ejecutivo no era normal. Se trataba de una época de excepcional trascendencia para la historia de España y esa excepcionalidad tan bien gestionada convierten a Suárez en un Presidente excepcional.
Obviamente la labor realizada por Suárez contó, a pesar de los muchos escollos, con el viento a favor de la voluntad de cambio de la sociedad española. Un cambio que la sociedad demandaba se realizase sin sobresaltos y con cautela. La forma en que Suárez congenió con este sentir general llevó a buen puerto sus planes. 
Y es que Suárez supo evaluar los cambios producidos en la sociedad española del tardofranquismo porque él era un elemento que tenía la capacidad de analizarlos desde dentro del moribundo régimen. 
Los avances económicos del plan de estabilización dieron a España la tupida red de clases medias que toda sociedad necesita para que cuaje un régimen democrático. Obviamente ese no era el plan de El Pardo, pero las consecuencias fueron una transformación de la sociedad española que anunciaban que un franquismo sin franco era una mera ilusión. Pocos se creyeron aquello de que "después de Franco, las instituciones". 
Pero el aparato del régimen se mantuvo sin fisuras de importancia hasta 1974, pese al deterioro de la salud del dictador. Éste había designado a Juan Carlos de Borbón como sucesor a título de rey y nada hacía pensar que la firme voluntad del Príncipe era desmontar el régimen. El aparato esperaba vivir tras la figura de un rey títere manteniendo lo esencial con reformas cosméticas. 
Pero en 1974 un acontecimiento político de primer orden cambió la situación. La Revolución de los Claveles en Portugal supuso para el establishment franquista un ejemplo de sus peores miedos: una insurrección desde dentro. El régimen hermano, el salazarismo, había caído por una insurrección militar y despertado el fantasma del comunismo en un país de la OTAN. La revolución de los Claveles puso al régimen ante el espejo, y mientras unos vieron la necesidad de llevar a cabo reformas de calado en España, otros se encerraron en el Bunker para defender frente viento y marea las esencias de aquella amalgama amorfa que era el Movimiento
Aunque existe la tentación de establecer una línea recta entre Suárez y el Príncipe desde que confraternizaron en una comida en Segovia cuando Suárez era el Gobernador Civil y ambos hablaron de la posibilidad de reforma del sistema, lo cierto es que los planes de Juan Carlos estaban en proceso de configuración. 
La relación entre el Príncipe y Adolfo Suárez se estrechó cuando éste asumió el cargo de Director General de RTVE. Aunque como abogado de formación no sabía nada de periodismo, sí sabía de la enorme influencia del medio en los hogares españoles y como tal lo utilizó. La imagen del Príncipe estaba siendo denostada por los miembros del Bunker desde diarios afectos como el Alcázar y vendida al público como poco más que un tonto; pero Suárez rehabilitó la imagen del Príncipe haciendo un seguimiento de sus viajes por España. No solo eso, Adolfo Suárez se jugó el puesto y su carrera política por el Príncipe al negarse a retransmitir la boda entre su primo, Alfonso de Borbón y Dampierre y la nieta de Franco. Negarse, pese a las presiones, a retransmitir la boda de la nieta de Franco en lo que todavía era la "finca de papá" era jugársela. Muy probablemente con esta acción la relación entre el futuro rey y el que será su PM se reforzó. 
El final del régimen se acercaba tan rápido como se le iba escapando la vida al dictador, y los privilegios de mucha gente dependía en gran medida de que Franco siguiera con vida. Por ello, a pesar de los deseos del dictador, el Bunker y la camarilla de El Pardo deseaban alargar la agonía de Franco con la esperanza de que Rodríguez Valcarcel, Presidente del Consejo del Reino y las Cortes franquistas, se prorrogase un mandato más. Manteniendo a salvo la esencia del régimen. 
Era el cargo clave para comenzar a desmontar el edificio del franquismo, pero eso el ya Rey, siguiendo el plan de Torcuato Fernández Miranda, le nombró presidente de las Cortes y del Consejo del Reyno y mantuvo a Carlos Arias Navarro como PM ante el estupor de la opinión pública. 
Pero aunque SM mantuviese al "desastre sin paliativos" de Arias Navarro, había comenzado la tarea de buscar al actor que escenificase el final del franquismo. 
La postura que defendía la oposición democrática era una fórmula tan sencilla como fracasada en la historia de España. Borrón y cuenta nueva. Romper con el pasado, elecciones constituyentes y la construcción de un nuevo régimen. Pero en un país donde todas las estructuras de poder estaban copadas por afectos al régimen y más uno basado en las Fuerzas Armadas, llevar a cabo semejante plan era un suicidio y tenía todos los visos de acabar muy mal. 
Así que la vía de la reforma era la más sensata. Al fin y al cabo, "las leyes obligan pero no atan" como había dicho Torcuato al Rey en más de una ocasión. 
El candidato a la Presidencia del Gobierno debía ser un aparitich del régimen para no levantar sospechas. Los favoritos eran, como ya es bien sabido, Fraga y Areiltza, pero fueron descartados. Fraga por ser demasiado autoritario para tratar con la opción democrática (y peor aún con el PCE) y Areiltza, aunque tenía excelentes contactos internacionales, estaba demasiado marcado para el búnker. Las intenciones del conde de Motrico eran demasiado evidentes, por lo que despertaba muchas suspicacias. Al final el Rey optó por Suárez, era un hombre del régimen pero no estaba demasiado marcado por un pasado conflictivo y, más aún provenía del Movimiento Nacional lo que le hacía, al menos a priori, poco sospechosos de llevar a cabo reformas excesivas para el establishment franquista.
Ese fue el motivo por el que la prensa le dio una calurosa bienvenida plagada de críticas y auguraban la oleada de reformas del rey bajo el peor de los auspicios. El progresista diario El País, creado para impulsar una prensa democrática, editorializó la noticia con "Qué error, que inmenso error" firmado nada menos que por Ricardo de la Cierva. 
Los partidos de la oposición democrática le ofrecieron un poco más de crédito que la prensa. Es cierto que todos deseaban una ruptura sin más, la convocatoria inmediata de Cortes constituyentes y la redacción de una constitución. Pero a pesar de sus planteamientos iniciales, la oposición no se cerró en banda a negociar con Suárez y la altura de miras del PM le llevó a tomar contactos con todos, sobre todo con los comunistas, jugándose su propio futuro político. La habilidad de Suárez radica en saber tratar con el PCE con cuyo líder tuvo una gran sintonía que en no pocas ocasiones obligó a plegarse al PSOE.
Suárez tuvo a su favor el mismo menosprecio del que gozó el Rey. Nadie daba un duro por ambos y hasta el mismo Rey Juan Carlos era llamado "el breve". Esa minusvaloración permitió a Suárez irse ganando a los líderes de la oposición democrática.
El otro gran as en la manga del PM fue la rapidez. Como bien cuenta Paul Preston en el obituario del Guardian, la estrategia de Suarez se basó en la rapidez con la que acometió las reformas. Semejante rapidez permitió avanzar sin que el búnker reaccionase y se organizase para oponerse a las reformas.
La rapidez de las reformas permitió a Suárez presentarse ante la oposición democrática con el aval de un programa que iba más allá del maquillaje del régimen, con lo que aumentó el crédito de sus promesas. Aunque no se trataba del programa de la oposición democrática, la ambición de Suárez y su rapidez hizo que ésta no ofreciese oposición alguna y, tras la aprobación de la Ley para la Reforma Política, favorecieron la participación en el referéndum aunque sobre el papel no apoyasen el plan de Suárez. 
Una vez que la Reforma Política fue aprobada por abrumadora mayoría, los cambios se sucedieron a velocidad de vértigo. Tuvo lugar el 22 de junio de 1977 la primera convocatoria electoral desde la II República.
Muchos pensaron que la labor de Suárez había concluido y no debía presentarse a las elecciones. Había sido nombrado para acometer la reforma y su trabajo había concluido. Pero Suárez era un animal político que se negaba a aceptar que su labor había finalizado, aún había pasos que dar en pro de la democracia, así que decidió presentarse. Pero le faltaba un partido.
Así que en una operación política kafkiana se sumó al partido que estaba construyendo Areiltza entre otros y, como había sucedido en la terna de 1976, consiguió moverle la silla una vez más y lograr que el Partido le presentase. Había nacido la UCD. Pero la membresía de Suárez en la UCD era un matrimonio de conveniencia. Suárez era un Presidente sin Partido, y la UCD era un Partido que deseaba un presidente y sabía que las credenciales de Suárez le haría ganar las elecciones.
Como partido, la UCD tampoco era una familia bien avenida puesto que era una amalgama de facciones: tecnócratas, católicos, socialdemócratas y democristianos unidos únicamente por la rapidez de la convocatoria electoral, conformando un partido poco coherente. De hecho el tiempo evidenciará está unión artificial. El hecho de que el Partido ganase unas elecciones antes de que tuviese lugar su congreso fundacional muestra las incoherencias internas y que solo era una plataforma para el auténtico vencedor, Suárez.
Con todo, la victoria de Suárez no fue todo lo arrolladora que el PM ni la UCD esperaban. Después de haber dado pasos tan decisivos, cabría esperar que el apoyo del electorado fuera masivo, o al menos más importante. La UCD se quedó a las puertas de la mayoría absoluta, pero el electorado había dado un gran poder al PSOE y habían evidenciado que los Comunistas no eran la temible fuerza electoral que el tardofranquismo había temido.
Tras la segunda victoria electoral de la UCD los desencuentros dentro del partido, y entre el Partido y el líder se hicieron más notorios. Suárez se encontró con traiciones desde dentro del partido, mientras que muschos prohombres de la UCD fueron arreglando su salida, bien hacia AP de Fraga, bien hacia el PSOE. Cada vez más, Suárez estaba solo frente a una oposición muy bronca que le planteó una moción de censura. Incluso desde Zarzuela se presionaba para forzar la marcha de Suárez. El Rey y no pocos miembros de la UCD pensaban que el PM estaba amortizado y que él era el problema del partido, cuando al final resultó que el problema de la UCD era la UCD. Los acontecimientos así lo evidenciaron cuando, en octubre de 1982, el PSOE arrasó con 202 diputados y relegó a la UCD primero a la irrelevancia política y después a la desaparición.
El ostracismo de Suárez pudo ser debido a que no solo era un convidado de piedra en la UCD y que ésta se estuviera descomponiendo, sino también en que los resultados posteriores evidenciaron que la gente apoyaba su plan de transición, no su ideología, motivo por el cual el electorado le dio la espalda a su nuevo proyecto: la CDS.
Suárez, como Gorbachov, tenia que ser el autor de las reformas, precisamente porque no despertaba los recelos del régimen y éstos no tuvieron tiempo para preparar una resistencia que si hubieran tenido si SM hubiera elegido a alguien con credenciales tan democráticas como Areiltza.
Suárez no solo fue el actor que llevo a escena el cambio político en España, también dio pasos importantes para crear una derecha democrática, aunque se le escapase el proyecto de partido de las manos, y es que como dice Juan Francisco Fuentes en la que en mi opinión es la más ponderada biografía del PM, Suárez era un abogado sin despacho y un presidente sin partido. 
Muchos críticos con el proceso apuntan a que fue el travestismo del PC y del propio Carrillo lo que posibilitó que la Transición llegase a buen puerto. Obviamente el entendimiento entre Santiago Carrillo y el PM fue uno de los puntales de la Transición. Pero el PCE ya había escapado de los tentáculos del Kominform con la afirmación del Eurocomunismo años antes de la muerte de Franco. 
Han sido muchos los críticos del PM y es que es complicado establecer un juicio ponderado sobre ésta figura. Personalmente creo que lo mejor de Suárez fue hacer de la necesidad virtud. Nadie esperaba nada en absoluto de él y esa resultó ser su mejor baza. Hizo realidad el cliché de que no hay mejor cuña que la de la propia madera y él, un hombre del régimen, fue el actor designado para desmontarlo.
Su programa político era de una sencillez pasmosa: "elevar a la categoría política de normal lo que en la calle es simplemente normal". Que nadie esperase nada del PM era su ventaja, es más se esperaba su fracaso, por eso cada pequeño éxito animaba a sus interlocutores a dar pasos que él ya tenía planeados. Los utilizó de la mejor forma posible, pensaban que eran ideas suyas y que era Suárez el que cedía. 
Y era así porque la oposición no estaba acostumbrada a que las autoridades franquistas siquiera negociasen y menos cediesen. No podían pensar que un falangista, Secretario del Movimiento Nacional estuviera negociando con la oposición cambios legales de semejante calado. Y ahí radicó el éxito de la Transición, unido a la velocidad de vértigo en que se sucedieron los cambios.
Muchos han sugerido que Adolfo Suárez era un mero actor, un mero ejecutor de un guión escrito por Torcuato Fernández Miranda y dirigido por SM. Puede que estén en lo cierto y que Suárez sólo representase un papel, pero lo hizo tan bien que fue un auténtico éxito. Hacía siglos que en España nadie representaba su papel como era debido.
Han sido pocos los que han levantado la voz sobre las sombras de Suárez, que las hubo, pero la joven democracia española está necesitada de símbolos y referentes. Símbolos porque, salvo el protocolo de muerte de la Corona, no existe en España usos institucionalizados para el adiós de las figuras políticas como sucede en Estados Unidos. La muerte del PM Calvo Sotelo fue un ensayo general para fijar unos usos y tradiciones democráticas en una democracia que todavía no los tiene. 
Tal vez por ello, y por asegurarse que su padre tuviese una despedida acorde, Aldolfo Suárez Illana convocase a la prensa en una inusual y poco elegante conferencia de prensa para anunciar el inminente fallecimiento de su padre. 
Símbolo, puesto que en una época plagada de escándalos económicos que salpican a todos los partidos y a casi todas las instituciones del Estado, el referente de Suárez reconcilia a los españoles con la política y, a la vez, demanda a la clase política otra forma de ejercerla. 
Si la memoria de Adolfo Suátrez consigue algunos de estos objetivos habrá conseguido su última gran victoria.