sábado, 26 de octubre de 2013

Editorial: Liderazgo cuestionado


Cuando faltaban pocas horas para el vencimiento de los compromisos crediticios de EEUU, los republicanos del Senado llegaron a un acuerdo con la Casa Blanca para elevar el techo de deuda y proveer de fondos al ejecutivo hasta mediados de enero mientras se negocia un acuerdo presupuestario más amplio. Los republicanos de la Cámara, conscientes de su bajada de popularidad, no tuvieron más remedio que plegarse y aceptar el acuerdo suscrito por sus colegas de la cámara alta. Concluía así un shutdown de 16 días que ha puesto en entredicho la credibilidad de las instituciones y de Estados Unidos como primera potencia mundial.
La prensa ha puesto en duda la capacidad de EEUU de seguir siendo el buque insignia de la política y la economía mundial. Si no podemos fiarnos de los bonos del tesoro de Estados Unidos, de quién nos podemos fiar en este mundo incierto. La amenaza de una suspensión de pagos pone en cuestión todo lo que se tenía por mínimamente seguro en el turbulento mundo de las fianzas.
Este tipo de situaciones está poniendo en duda el sistema democrático como un modelo adecuado de toma de decisiones. Obviamente es un debate viciado e interesado que determinados grupos quieren impulsar para desprestigiar la democracia. El sistema de checks and balances que diseñaron los padres de la constitución americana dota a Estados Unidos de una separación de poderes que otorga a la Cámara de Representantes el poder presupuestario necesario para obligar al presidente a negociar con los depositarios de cada una de las voluntades individuales de cada distrito electoral.
Es un sistema que ha funcionado razonablemente bien durante más de doscientos años, lo único que ha cambiado es el estado de la economía mundial que, en una etapa de enorme nerviosismo y débil crecimiento, cualquier turbulencia despierta un enorme nerviosismo.
Las instituciones financieras y empresariales en el propio Estados Unidos y supranacionales como el FMI o el Banco Mundial, han defendido una mayor concentración de la toma de decisiones económicas para evitar estos vaivenes. Y no solo una mayor concentración, también de forma velada han defendido una mayor opacidad y, bajo argumentos técnicos, han subrayado la necesidad de apartar estos procesos de toma de decisiones de los mecanismos electorales para apartarlos de la caprichosa voluntad popular. Este argumento supone un recorte y una limitación de la división de poderes y los mecanismos democráticos de vigilancia. Más economía supone, una vez más, menos democracia.  En este debate hasta tendría más sentido las tesis libertarias que abogan por apartar todo lo posible la vida económica de la intervención del Estado. Pero los libertarios puros escasean gracias a Dios y lo que más nos encontramos son liberales de bufé libre que defienden la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas. 
Sea como fuere, los que han escrito que Estados Unidos ha perdido liderazgo mundial durante estos dieciséis días de cierre gubernamental miran a China como posible recambio. Impresión que se agudizó tras la ausencia de Obama en la cumbre del Pacífico que trasladó el protagonismo hacia el gigante asiático. 
Es comprensible que los defensores de la seguridad financiera miren con admiración el sistema chino en el que la toma de decisiones está centralizada y carente del más básico control democrático. Es lógico que critiquen los mecanismos de control con el que los Padres Fundadores dotaron a EEUU para alejarlos de sistemas tiránicos y opresivos, pero decir que eso es perder liderazgo mundial es no entender el significado del liderazgo.  
El cierre del gobierno en Estados Unidos, lejos de mostrarnos una debilidad, nos muestra la fortaleza del sistema democrático. Un sistema en el que los políticos deben ponerse de acuerdo por mucho que les separe su ideología, porque ambos bandos representan la voluntad popular. A pesar de que el Tea Party sea un grupo mesiánico con la sagrada misión de salvar Estados Unidos para los "auténticos americanos de buena fe" y que el pulso llevado a cabo fuese una soberana estupidez para su propio partido, los mecanismos que usaron están amparados por la Constitución y por mucho que nos incomode no podemos tildarlo de debilidad. 
¿Está acaso China dotada de mayor legitimidad para desempeñar el papel de líder después de este episodio? Rotundamente no. Tampoco creo que esa sea la finalidad del gobierno chino, ejercer un liderazgo mundial a la antigua usanza como el que ha venido ejerciendo Estados Unidos. China se asemeja más a un conglomerado industrial y comercial que solo quiere ver satisfechas sus demandas económicas y ser respetada en las cancillerías mundiales. Por ello no es amiga de figurar en los grandes foros de política exterior más allá de lo que compete a su área de influencia. Por eso se ha desmarcado de las resoluciones sobre Libia y Siria. En mi opinión China no desea un liderazgo mundial, pero ¿estaría en condiciones de conseguirlo? Mi opinión al respecto sigue siendo negativa. China hoy por hoy no representa ningún modelo a seguir, no deja de ser una oligarquía de partido único que no respeta ninguno de los derechos más básicos del ser humano. 
La historia de Estados Unidos está plagada de ejemplos que la han apartado de defender los derechos humanos, pero al menos el ideal con el que ha nacido el país, la separación de poderes y la propia constitución le dotan de los mecanismos necesarios para ser un ejemplo a seguir. 
Por ello, mi opinión difiere de quienes ven en la separación de poderes un escollo al liderazgo de Estados Unidos, aunque a veces sus repercusiones sean tan profundas y tan vergonzosas como el cierre gubernamental. Considero que la existencia de cárceles como Guantánamo o el programa de escuchas ilegales a ciudadanos y aliados representan una mayor amenaza para el liderazgo de Estados Unidos que el cierre del gobierno. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Editorial: el naufragio de Hollande


Esta semana ha sido una de las peores para el presidente francés Francois Hollande. La noticia de la detención y deportación de una alumna gitana durante una excursión escolar ha incendiado los liceos franceses y volado por los aires la autoridad moral del presidente.
El modesto político normando ganó las elecciones al presentarse como una alternativa moderada al hiperactivo presidente que todo lo abarcaba y que capitaneaba el declive de Francia como potencia política en la familia europea.
La misión de Hollande no era fácil. En casa tenía que poner en orden unas finanzas que llamaban a recortar el mastodóntico Estado francés, con todo lo que ello supone para el orgullo de la nación. Por eso al principio optó por la subida impositiva, sobre todo a las clases adineradas, pero eso dejaba a Hollande a mitad de camino. Iba a tener que tomar una serie de recortes dolorosos que no iban a sentar bien a una ciudadanía acostumbrada a que el nivel su bienestar dependa de la calidad de los servicios públicos. Dicho en otras palabras, Francia no digiere bien las medidas liberalizadoras que tanto demandan los mercados financieros, y no se puede culpar a los franceses por ello. Así que la labor económica del presidente se presentaba enorme: poner en práctica cierta ortodoxia financiera tocando lo menos posible el Estado francés.
Los franceses siempre han elegido mantener su Estado por encima de las liberalizaciones o de la globalización cuando ese modelo ha estado en cuestión en unas elecciones. Hollande sabe que fue elegido para mantener el Estado Francés por lo que no es buena idea proceder a un desmantelamiento del Estado si quiere seguir vivo políticamente. 
En el exterior Francia tenía que recuperar el lugar que le correspondía como copiloto del proceso de construcción europea. Alemania siempre había jugado el papel de actor económico dejando a París la labor política que tanto incomoda a Berlín. Pero la debacle económica evidenció no solo la fortaleza de las reformas alemanas de la agenda 2010, sino la debilidad de Francia para seguir al lado de un socio que cada vez pesaba más.
Así que pasada la euforia inicial de la victoria de Hollande y de alcanzar su principal promesa electoral, dotar a la política francesa de normalidad, los problemas para Hollande no han hecho más que aumentar. Baste recordar la contestación social suscitada por la aprobación del matrimonio de personas del mismo sexo, las payasadas protagonizadas por De Pardieu o Arnault y ahora la cruzada emprendida contra los gitanos. 
La falta de resultados en todos los campos de la política parece haber desnortado al Presidente que, desde hace un par de semanas y ante el temor de verse sobrepasado electoralmente no solo por la UMP sino por la extrema derecha de Marine Le Pen, ha iniciado una arriesgada carrera que puede llevarle a perder más que unas elecciones. 
Internacionalmente Hollande no ha conseguido restablecer el equilibrio de poder con Alemania y parecía que la guerra civil en Siria le daría la oportunidad de eclipsarla en el terreno que ésta ha demostrado repetidamente ser una nulidad: las relaciones internacionales. El no de los Comunes al PM británico dejó a Francia a la vanguardia de los socios europeos de EEUU para iniciar una intervención armada. Pero la ilusión de Hollande se desinfló tan rápido como Obama se enredaba pidiendo autorización al Congreso. Sea como fuere, la aventura siria supuso un triste intento por captar titulares en la prensa internacional y lucir un poco su cuenta de resultados en relaciones exteriores. 
Así que con las elecciones a la vuelta de la esquina y con el PSF claramente detrás en las encuestas tras el Frente Nacional (FN) y la UMP, parece que el presidente ha optado por copiar las estrategias de la extrema derecha para intentar robarle votos a Marine Le Pen. Por ello se ha embarcado en una aventura que ya intentó Nicolás Sarkozy como la expulsión de los gitanos de Francia.
Me parece una pobre estrategia por múltiples motivos. El primero de ellos porque se supone que el Presidente gobierna para toda Francia y gobernar es más que expulsar a un par de gitanos. El hecho de que el modo de vida gitano sea incompatible con los "valores de la república" y de casi cualquier sociedad civilizada no puede ser una excusa para montar una estrategia de gobierno en torno a ella. Gobernar es mucho más que decir obviedades como que los gitanos son incómodos. Gobernar es educación, sanidad, justicia, pensiones, defensa, etc. Y que el Presidente se vea obligado a expulsar gitanos no es sino el símbolo de su fracaso en las demás parcelas de la política francesa.
Por otra parte, el gobierno francés ha cometido una tremenda torpeza expulsando precisamente a una niña que quería estudiar para integrarse con toda normalidad en la sociedad francesa. Y con ello ha desencadenado una respuesta estudiantil y ciudadana que ha acabado con la posible popularidad de sus expulsiones.
En tercer lugar, no creo que el Presidente ni el PSF consigan nada con esta política de expulsiones más que desmovilizar a su electorado. Sabemos que Francia es un país de tendencias conservadoras, pero el PSF no va a conseguir un número significativo de votos de los caladeros del FN de Le Pen. Es más posible que desmovilice a los jóvenes y las clases medias urbanas que le han votado antes de atraer votantes del FN. No lo considero una operación rentable en términos electorales.
El Presidente Hollande hace un flaco favor a la imagen de Francia como país, de ser la patria de los valores revolucionarios se está convirtiendo en el adalid de la lucha contra las minorías. No defiendo que le República no lleve a cabo una política migratoria severa, sino que se realice con tan poco tino y que afecte, en este caso, a una estudiante.
Y para concluir, tampoco lo considero una operación rentable en términos morales. Por muy desagradable que pueda parecernos el estilo de vida de los cíngaros, caer en el populismo barato de una expulsión es demostrar el fracaso de las políticas integradoras y una salida barata que le esta saliendo al presidente francamente mal. Ahora, después del lío monumental que se ha montado se ha buscado una vía intermedia para no desautorizar a su ministro del Interior, Manuel Vals, permitiendo el regreso de Leonarda, pero no de su familia. Veremos como acaba éste episodio concreto, pero la política llevada a cabo por Hollande está tirando por la borda todos los principios por los que llegó al Elíseo. No es de extrañar que la socialdemocracia esté en crisis, en este caso no solo copia la política económica de la derecha, sino que está haciendo suya la política social y los métodos de la extrema derecha. Así no volverá el Presidente a seducir a su electorado y, a largo plazo, se enfrenta con una mayor debacle electoral. Y si pierde, al menos que pierda con sus principios intactos y no por haberse travestido con los principios de la calaña política francesa.
En este caso, Hollande debería hacer suyo el corolario de Harry Truman que, tras una vida plagada de fracasos políticos, dijo "si para ganar tengo que hacer trampas, seguiré perdiendo" 

lunes, 7 de octubre de 2013

Alternativa para Alemania.

Las elecciones alemanas han dado multitud de crónicas políticas sobre los resultados, el trasbase de votos y los posibles pactos electorales. Pero un aspecto que a mi se me ha quedado en el tintero fue el papel jugado por el partido Alternativa para Alemania (AfD). El fantasma de Alternativa para Alemania ha sobrevolado la campaña amenazando con trastocar el tradicional escenario político de posguerra. La posibilidad de que una formación a la derecha de la CDU se colase en la Dieta Federal hizo correr ríos de tinta sobre cómo podría afectar al juego de alianzas pos electorales. Era algo que los democristianos siempre se esforzaron por evitar ya que le podría costar muchos votos, pero al final esta formación no fue tan nociva para la CDU como para sus tradicionales aliados liberales.
Se ha tildado este nuevo partido como de extrema derecha euroescéptica, muy similar al UKIP, que propone la salida de Alemania del Euro y un sinfín de propuestas apocalípticas que hace difícil juzgar la envergadura del desafío político que supuso. El partido no es en sentido estricto un partido anti europeo, sino que más bien propone abiertamente la creación de una Europa alemana en el sentido económico del término. EL AfD utiliza la economía como motor de su mensaje político y no defiende la salida de Alemania de la UE, por lo que no podemos calificarlo de euroescéptico en sentido estricto, sino más bien de intentar crear una Europa hanseatica de mercaderes ricos del norte. 
El nuevo partido, ajeno a que la deuda del Mediterráneo habita principalmente en los bancos alemanes, usa de forma torticera los índices económicos para defender la expulsión de los países mediterráneos del euro, algo que pondría en serias dificultades a los bancos alemanes ante el impago de la deuda. Éste nuevo partido comenzó defendiendo el retorno de Alemania al Marco, pero, ante la dificultad de tal medida, ha ido modulando su discurso hasta defender que el euro debe ser la moneda de las estables economías industriales del norte y que son los inestables países mediterráneos quienes deben de abandonar la moneda única
También resulta muy curioso que surja un partido que defienda una Europa basada en los principios de la ortodoxia financiera cuando en su momento Alemania coló por la puerta de atrás a Grecia en el euro a sabiendas de que incumplía los criterios de convergencia. 
Así que AfD no defiende que Alemania salga de la UE, sino que Alemania capitanee una reforma de la UE que deje fuera del euro a los Estados del Mediterráneo. Defienden, basándose en criterios económicos, que los Estados del sur no son competitivos sin la capacidad de devaluar su moneda. Defienden que la devaluación interna es demasiado dolorosa como para que no surjan fracturas internas, es decir, que lo hacen por nuestro bien. Pero lo más curioso es que AfD olvida que el grueso de los consumidores de Europa vive en el Mediterráneo, que el número de ciudadanos del club Med es significativamente mayor que todo el norte de Europa junto. Y que si se produjese una salida del euro de los países del Mediterráneo, Francia incluida, sus exportaciones disminuirían de forma significativa debido a la devaluación del Mediterráneo y la posible apreciación de ese euro hanseatico. Algunos economistas han cifrado una caída del 20% del PIB alemán si se detiene el flujo de exportaciones a los países del Mediterráneo. 
Por tanto, con este ideario político contrario a los rescates y a la política europea de la canciller Merkel, se nos antoja la pregunta de dónde y a quién ha sacado AfD sus votos para quedarse a las puertas de la Dieta Federal con un 4'7% de los votos. Los buenos resultados que ha obtenido la formación en su debut hay que buscarlos en dos caladeros antagónicos de la política germana.
La gran víctima del nacimiento de este partido no ha sido la CDU como en un principio pudo parecer, sino los liberales del FDP. Los votantes liberales vieron traicionados sus ideas por el partido cuando la presión sobre el contribuyente alemán, lejos de relajarse, se consolidó para sufragar los costosos rescates europeos. La estrategia de Merkel "más Europa" va a derivar en más organismos reguladores pero de ámbito comunitario. Es verdad que la canciller ha evitado la emisión conjunta de deuda, pero parece que la UE se aproxima lenta, pero inexorablemente a la unión bancaria, un regulador único y el establecimiento de una tasa sobre las operaciones financieras. Pasos que la canciller ha iniciado de la mano del partido liberal. Se trata de traiciones que su electorado le ha hecho pagar. 
De los grandes partidos nacionales fue el SPD quien sufrió menos sangría de votos hacia el AfD debido a su ideario político de tintes tan neoliberales. Ideario que hace increíble que setenta mil votos de Die Linke se pasasen a sus filas. Su retórica anti europea, sus discursos en contra de los rescates y los tintes antisistema que algunos medios han vertido sobre este pequeño partido ha hecho que muchos votantes descontentos de Die Linke hayan decidido cambiar si voto a la espera de que la entrada de AfD en la Dieta supusiese un tsunami político. De ahí que sea en la antigua DDR y, más en concreto Sajonia, donde ha obtenido más votos esta formación. Tal vez no le haya arrebatado muchos votos en números absolutos, pero teniendo en cuenta la masa de votantes de los grandes partidos y de Die Linke, el trasbase de votos es significativo para tratarse de un partido de extrema izquierda hacia una ideología que muchos han tildado de extrema derecha. 
Los distintos analistas políticos que he escuchado y leído coinciden en que, de haber entrado AfD en la Dieta Federal, hubiera trastocado por completo el mapa político alemán al poder arrastrar a la Canciller hacia la derecha con el fin de neutralizar o colaborar con la formación. Aunque no deja de ser una hipótesis, resulta poco creíble que la canciller abandonase el centro político por una aventura derechista que hubiera ido contra su naturaleza política y su propia estrategia en Europa.
De momento, Alternativa para Alemania ha fracasado en su intento de acceder a la Dieta Federal, aunque para tratarse de un debut un 4'7% no es un mal resultado, más si tenemos en cuenta que han arrastrado a los liberales. Veremos si no se queda en nada este experimento político o si, por el contrario, aguantan hasta las elecciones europeas de primavera de 2014 y acceden al Europarlamento coaligados con otras formaciones. De lo contrario veríamos el final de uno de tantos partidos que se erigen con la bandera de la alternativa política y no pasan de ser los depositarios de insuficientes votos del descontento para llegar a algo mínimamente constructivo. Al menos nadie le podrá negar a AfD la enorme hazaña de haber obtenido votos pescando en caladeros tan contrapuestos como los liberales y Die Linke, sin duda síntoma de que la política en estos tiempos extraños no tiene un guión bien definido.

jueves, 3 de octubre de 2013

Editorial: chantaje a toda una nación.

Los acontecimientos que rodean al cierre de la Administración en EEUU y, por tanto, la limitación de la acción del ejecutivo puede tener profundas consecuencias en la renqueante recuperación económica mundial. Hemos visto que los países emergentes no han pasado de eso, de emergentes, y la fuerza con la que empujaban la economía está empezando a declinar, por tanto los ojos se vuelven al tradicional protagonista: Estados Unidos. Esta nación sigue marcando la pauta de la recuperación mundial, los llamados mercados están más atentos que nunca a las cifras del paro y la política de estímulos de la nación indispensable. Pero como le suele pasar a los grandes imperios, el peor enemigo proviene del interior. Desde fuera puede parecer un análisis simplista, y puede que lo sea, así que me gustaría matizar algunos puntos.
La Constitución de EEUU situa la aprobación del presupuesto en el poder legislativo, más concretamente en la Cámara de Representantes donde la Soberanía Nacional aúna todos los pequeños intereses de la nación. Es una forma de conjugar los grandes intereses nacionales representados por el ejecutivo y por el Senado con la suma de los pequeños intereses locales. Los padres fundadores consiguieron con este diseño dotar de poder al pequeño elector y que la política no se alejase de la calle, al menos en una de las cámaras del legislativo, y equilibrar el sistema en un país que ya era grande para los estándares de la época.
Pero los sistemas no son perfectos y en ocasiones un diseño bienintencionado puede dar lugar a desequilibrios graves. Ésto es lo que está pasanado con con el cierre del gobierno.
La aprobación de un techo de deuda, surgida en Estados Unidos para evitar que el ejecutivo llevase al país a un sobre endeudamiento durante la II Guerra Mundial primero, y la posterior Guerra Fría, siempre se fue ampliando en función de las necesidades del gobierno. Pero durante la Administración Clinton y ahora con Obama la lucha contra la deuda y el déficit esconde torticeras intenciones ideológicas que lejos están de conseguir un rigor presupuestario. Se usa la palanca presupuestaria para la consecución de intereses políticos locales, que no es malo de por sí, ya que sus señorías han sido elegidos para eso, es malo cuando secuestran la totalidad del sistema político del país y puede acarrear repercusiones nacionales similares a catástrofes naturales.
El problema en este caso, es que la administración Obama tiene que negociar con un grupo intransigente de objetivos muy claros: intentar por todos los medios a su alcance torpedear la reforma sanitaria de Obama y, con ello, herir de muerte el legado del Presidente. Nadie puede culparlos de llevar a cabo la misión para la que han sido elegido. Su electorado está conformado por los sectores más conservadores del llamado cinturón bíblico infuidos por el modo de vida más rural, religioso, refractario y contrario al progreso de todo Estados Unidos.
Pero aunque el objetivo del Tea Party sea torpedear lo más posible la acción de gobierno de Obama y no escatime en medios para ello, el resto del Partido Republicano no debería ser rehén ni de los métodos ni de la estrechez de miras política de sus colegas de partido. Obviamente los congresistas del Tea Party han sido elegido para hacer lo que están haciendo y no entran en los círculos tradicionales de poder en Washington, tampoco se dejan seducir por el aparato del Partido ni la dinámica de Capitol Hill como si se tratase de James Stewart en Caballero sin Espada. Pero eso no convierte su labor en loable más allá de los fundamentos democráticos de la misma.
Los Padres Fundadores han decidido este sistema de pesos y contrapesos precisamente para obligar a un consenso entre la clase política y por ello no estamos ante el primer cierre del gobierno de la historia, ni ante el último. Pero en este caso el cierre está totalmente injustificado porque escapa a la política presupuestaria. Entendería un cierre para obligar al gobierno a llevar una política fiscal y presupuestaria menos expansiva, pero estamos simple y llanamente ante un chantaje.
Los miebros del Tea Party, por mucho que hayan sido elegidos en sus respectivos distritos electorales, quieren ganar con este pulso lo que perdieron a nivel nacional en 2008 y el pasado noviembre. El electorado nacional ha votado de forma clara y contundente por Barak Obama y su programa de gobierno, donde la reforma sanitaria ocupa el lugar preeminente, por lo que la suma de unos algunos intereses locales no deberían de secuestrar la voluntad mayoritaria expresada en las urnas en dos ocasiones. Hay que tener en cuenta que tras el alma del campesino jefersionano que dice representar el Tea Party se esconden importantes intereses corporativos a los que es sensible el establishment del GOP, pero éste partido haría muy mal en dejarse secuestrar por estos intereses si pretende ser una alternativa creíble de gobierno.
El cierre del gobierno, más allá de erosionarlo, está causando una profunda crisis en el seno del Partido Republicano. Está poniendo en el centro del debate político la necesidad de retomar posiciones moderadas y prescindir del extremismo del Tea Party. Algunas voces se alzaron en contra de una estrategia que obligaba a Romney a lanzarse a posturas extremas para ganar la nominación pero perder la presidencia. Hoy ese debate se reabre con mayor intensidad, puesto que de momento las encuestas indican que el electorado responsabiliza mayoritariamente a los republicanos del Congreso de la parálisis del gobierno. 
Algunos medios se han hecho eco de que los republicanos moderados se han aliado con los miembros del Tea Party en su cruzada contra el Obamacare por el temor a que ésta sea un éxito. Un éxito del Obamacare en las clases medias podría apartar al GOP de la Casa Blanca por al menos otros dos mandatos.
A pesar de ello, el vencimiento de emisiones de deuda puede acelerar el final del cierre del gobierno. El Washington Post ha publicado que el final puede estar realmente cerca, pero que le puede terminar costando el cargo al Presidente de la Cámara. En las sucesivas crisis e incitativas parlamentarias, el presidente de la cámara ha logrado sacarlas adelante con el apoyo de los demócratas en pleno y un menguante apoyo de su partido. Hasta tal punto ha llegado la debilidad de Boehner que, cuando se inició el 113 congreso, tuvo que someterse a una segunda votación para ser elegido líder de la Cámara. 
Veremos como termina este incidente político y qué consecuencias se derivan del mismo. Lo que podríamos sacar en limpio es que, por muy despreciable que sea la postura del Tea Party, al fin estamos asistiendo a un ejercicio de política. Por fin vemos que las decisiones las toman los políticos en la sede de la Soberanía Nacional y no los mercados financieros, aunque éstos determinen en muchos casos la agenda. 
A pesar que de que el Tea Party nos recuerde que la política sigue viva, manipular la Cámara de Representantes para chantajear a un Presidente que ha sido elegido en dos ocasiones con un programa claro es inadmisible. En esta ocasión la Cámara de Representantes, lejos de actuar como contrapeso del poder ejecutivo, está abusando de su potestad presupuestaria para torpedear un programa político elegido por la mayoría de los votantes de EEUU. 
El Tea Party quiere ganar en la Cámara de Representantes mediante la coacción presupuestaria lo que perdió en noviembre de 2012, y eso es inadmisible.