viernes, 22 de febrero de 2013

El Estado de la Nación


Tras más de un año sin tener debate sobre el estado de la Nación. El ejecutivo ha tenido a bien agasajar al Parlamento con nada más y nada menos que su trabajo, el parlamentario.
A pesar de que hemos tenido debate, su convocatoria ha sido un ejemplo más de la alergia que el PM siente por la actividad parlamentaria al fusionar el estado de la Nación con el obligado debate sobre los Consejos Europeos. Con ello, el ejecutivo ha despreciado a los ciudadanos, al estado de la Nación y al debate sobre el Consejo Europeo en palabras de la diputada Rosa Díez.
El PM se presentaba ante el Parlamento con una muy pobre cuenta de resultados. Hablando en términos empresariales porque, desde que en 2010 el PM Zapatero anunció los recortes "cueste lo que me cueste", el líder del ejecutivo más parece el consejero delegado de una empresa que un PM. Se usa (y abusa) de términos como "marca España" y solo se busca tener buena fama en los mercados bursátiles. La prima de riesgo es la cotización de España como país y total para nada, puesto que los caprichos de Reichkanzler puede "derretir como la nieve bajo el sol" los esfuerzos de la Europa romanizada.
Pero, a pesar del lamentable estado de la Nación, el éxito o fracaso del PM y del jefe de la leal oposición de SM se mide en términos de expectativas.
Y si medimos las expectativas, Rajoy ha sido el vencedor del debate. Rajoy entró en el Congreso siendo el líder de un partido acosado por la corrupción y ha recuperado la iniciativa política tras el debate. Tal vez eso le enseñe al PM las ventajas de debatir cara a cara y no de salir en un monitor de TV.
El Presidente del Gobierno tuvo una primera intervención demasiado triunfalista para la situación critica que vive el país. Fue sincero en cuanto al número de parados para, a renglón seguido exigir del público un acto de fe: o Mariano o el diluvio. Citó la corrupción y el descrédito de la política sin aludir a que hoy el huracán se cierne sobre  Génova. Tuvo un efecto positivo porque el PM logro sobrevivir al debate tras muchos intentos por sacar la corrupción que lleva décadas instaladas en los más altos cargos del PP.
El tono del PM fue bastante bronco, se notó que quería poner la venda antes de la herida y le salió bien. Las contrarréplicas al líder de la oposición fueron en exceso duras y desproporcionadas con el suave tono que usó el líder de la oposición. El candidato que dijo no culpar a la herencia recibida faltó, una vez más como presidente, a su palabra al culpar a la herencia tras solo cinco minutos de contrarréplica. Pero viendo la cortesía con el que se dirigía el líder de la oposición, Mariano Rajoy fue moderando su tono y, al final, resultó ser un cara a cara bastante cordial dadas las circustáncias.
Los dos líderes le echaron en cara al otro la corrupción, pero no ahondaron en ella a sabiendas que es un tema que afecta a ambos partidos.
El PM estuvo bastante más duro con los grupos pequeños. Actuó como si tuviera más respeto por el líder socialdemócrata que por los líderes de las formaciones menores. Tal vez Rajoy haya cumplido su misión al salir del paso del duelo con el líder de la oposición y el resto de los grupos fuese una molestia impuesta y carente de importancia. Tal vez el PM era consciente de que los portavoces de grupos menores pueden permitirse el lujo de ciertas extravagancias, a sabiendas que nunca pisarán la Moncloa, y por eso sus intervenciones fueron muchísimo más críticas y en la réplica el Presidente fue mucho más duro, inmisericorde y, en ocasiones, faltón.
El líder de la oposición fue, en mi opinión, muy suave y muy cortés con el Presidente. Tanto que la réplica de Mariano fue injustificada y éste fue bajando el tono hasta que el debate se acomodó a una cordialidad impropia de tiempos turbulentos. El líder de la opsoción tuvo un discurso muy social, se centró en la reforma laboral, la orientación ideológica de los recortes y el incumplimiento sistemático de la palabra del PM. Hubo solo una brevísima referencia a la corrupción del caso Bárcenas en su primera intervención y una defensa tibia antes los ataques del PM sobre el caso Filesa en su segunda réplica. Parece que Rubalcaba quería dejar atrás el "y tu más" y tirarse los trastos para encarar un debate más civilizado centrado en los problemas ciudadanos.
Si el morbo nos pide elegir un vencedor del debate éste sería el Presidente del Gobierno. Sin duda consiguió sus objetivos que fue salir con vida del debate, y aún más al ponerse la medalla en el recorte del déficit.
Al líder de la oposición le secuestró ese sentimiento tan español de decir una cosa y pensar otra. Intentó llevar el debate por la senda civilizada que la opinión pública demanda de la clase política, pero en realidad lo que el público quería era una carnicería. Es esa hipocresía que hace que todo el mundo hable bien de los documentales de la 2 y que la audiencia se la lleve la telebasura.
Rubalcaba fue en exceso cordial. Personalmente no creo en los ataques personales a menos que sean tratados con ironía, pero Rubalcaba quiso encarar un debate centrado en la mala situación de la nación. No en la mala situación del PP, y por eso aunque no fue un fracaso estrepitoso, desde luego brindó un balón de oxígeno al jefe del Ejecutivo.
La frase "somos Teresa de Calcuta" encarna muy bien hasta que punto Rubalcaba fue cordial con un presidente que se presenta ante la nación con una triste cuenta de resultados, y sólo van catorce meses.