domingo, 25 de abril de 2010

Rumbo a Downing street. Segundo debate electoral.

El segundo debate electoral en Reino Unido celebrado en Bristol ha afianzado el cambio en el mapa electoral que se había producido en el primero. Lo que había empezado siendo una confrontación clásica entre los dos partidos tradicionales ha mutado en una confrontación entre los dos candidatos jóvenes que representan el cambio y ha dejado a Brown como un convidado de piedra, lo que no tiene por qué ser malo.
Los sondeos respecto al ganador de este segundo debate no son tan claros como lo fueron en el primero. Haciendo un ajuste entre los sondeos de los principales diarios llegamos a la conclusión de que ha habido un empate entre Clegg y Cameron, estando Brown un poco por detrás. Pero si uno va a las encuestas de las redes sociales ve como claro ganador a Clegg, debido al gran atractivo que el candidato lib-dem tiene sobre el electorado joven. Sin ir más lejos, la encuesta que ha realizado el grupo de facebook UK democracy, muestra a Clegg como ganador con un arrollador 60% de los votos sobre una muestra de más de doscientos mil votos.
Y es que Clegg se ha convertido en el eje sobre el que gira la campaña británica tras el primer debate. Los tories que se veían vencedores han topado con un candidato que encarna todo lo que el equipo de campaña torie se ha empeñado que fuese Cameron. Se ha ido por el sumidero de los tories la campaña del cambio basada en fáciles ataques a un gobierno viejo y cansado. Ya que con el ascenso de Clegg, ese es el nuevo enemigo a batir por los tories.
Clegg ha estado muy bien. Ha sido contundente, no ha negado sus acciones pasadas y ha defendido su trayectoria profesional con honor y sin arrepentirse de nada. Ha defendido a la Unión Europea y ha defendido el papel de las fuerzas armadas británicas en Afganistán. Ha estado brillante y seguro. Su estrategia era sencilla: Reino Unido debe estar en Europa para liderarla y, si fuese menester, manejar los cambios comunitarios para beneficiar a Reino Unido. Es el discurso sobre la Europa Comunitaria que cualquier ciudadano continental quisiera escuchar, ahora hay que ver si los británicos lo aceptan o siguen considerando una blasfemia todo lo que suene a Bruselas. En torno a Afganistán ha estado muy audaz ya que ha introducido tres elementos estrella de su programa en ese punto del debate. Primero, ellos nunca apoyaron la invasión de Iraq. Segundo, los lib-dem están en contra de gastar 90.000 millones en renovar el programa nuclear trident. Tercero: con el dinero que UK se ahorra de la renovación del trident, armar y equipar mejor sus tropas en Afganistán. En este sentido ha recibido la pasada semana el apoyo de varios generales en la reserva que, en una carta abierta en la prensa, han defendido que el programa nuclear respondía a necesidades de la guerra fría y que estaría mejor invertirlos en otros aspectos más necesarios de la defensa nacional.
Por su parte, Cameron ha sido muy igual a Clegg, su estilo, la forma en mirar a cámara y de interpelar a sus interlocutores ha sido demasiado parecida a la que el liberal acuñó con tan buenos resultados en el primer debate. Los Tories intentan así minimizar el daño que Clegg hizo a su candidato utilizando sus misma armas. Buscaban situarlo a la altura del jovial liberal y poner en el asilo al abuelo Gordon Brown. Pero a mi parecer, pese a lo que digan las encuestas, no ha resultado demasiado convincente. Ha sido una copia muy burda del candidato liberal y, unido al furibundo ataque de la prensa conservadora a Clegg, da muestras de una cierta desesperación en las filas tories. Cameron ha utilizado en varias ocasiones la memoria de su difulto hijo para hacer referencia a su política social y ha sido en la última parte del debate en exceso panfletario. Ha obviado las preguntas de inmigración para utilizarlas como eslogan electoral frente a sus rivales que si intentaban responder a las preguntas. 
Por otra parte, coincidiendo con el Primer Ministro, Cameron apoya la renovación del programa nuclear trident como un elemento disuasorio frente a potencias que recientemente han iniciado programas de armamento nuclear como Irán o Corea del Norte. 
El Primer Ministro ha mejorado sustancialmente la calidad de su oratoria y, jugando de nuevo al juego de las bajas expectativas, ha obtenido un muy digno resultado. Si bien según los sondeos ha sido el candidato peor valorado del debate, ha defendido con mejores y más sólidos argumentos su postura que en el primer debate. Le ha beneficiado -y mucho- que Clegg y Cameron pensaran que el debate iba solo con ellos, ya que en medio se ha colado Brown para soltar en no pocas ocasiones las opiniones y los juicios más cabales. Un poco esclavo de la política que su partido ha realizado durante estos trece años, ha sabido defenderla bien, no tanto por sus dotes de oratoria, sino porque los dos jóvenes estaban tan ocupados en eclipsar al otro que prestaron muy poca atención a criticar las políticas laboristas de estos trece años. Ha sido el candidato que sabe cómo funciona el gobierno y ante propuestas y planes -en ocasiones absurdos- ha puesto la nota cabal apuntando cómo funciona el sistema. Ha corregido en no pocas ocasiones a Clegg cuando planteaba crear unas instituciones que ya existían, un hecho que no hubiéramos pasado por alto sino estuviéramos ante la obama manía que comienza a envolver al candidato liberal. Brown ha dejado en el tema de la Europa comunitaria -al que dedicaré un apartado aparte- a Cameron como un político que ha quemado sus naves al aliarse en Bruselas con partidos de tarados antisemitas, obviando inteligentemente el trabajo que Clegg realizó como eurodiputado en Bruselas. 
En el tema sobre la política medioambiental hubo más acuerdo entre los candidatos. Los tres apostaron por el transporte público y añadieron dosis de su propia cosecha. Gordon Brown habló de energías renovables, Cameron de aprovechar mejor la electricidad para reducir el consumo y Clegg aboga por una ecotasa al transporte aéreo. Pero fue Gordon Brown el candidato audaz en este tema al poner encima de la mesa la energía nuclear para paliar los males del calentamiento global. Brown aboga porque la mitad de le energía consumida en Reino Unido provenga de centrales nucleares. Es más, Brown asestó a la izquierda más antinuclear un duro golpe al asimilar a los conservadores a esta política. Clegg y Cameron rehuyeron el debate nuclear pero con matices. Cameron apoyó la energía nuclear de pasada para centrarse en el programa de ayudas a la sostenibilidad de hogares y negocios, argumento al que también se acogió Clegg aduciendo que la energía nuclear es muy cara y poner en marcha un programa nuclear solvente tardaría al menos una década. Argumento que el Primer Ministro derrumbó citando que estos programas ya se está llevando a cabo por el actual gabinete. En este sentido creo haber visto a Brown como el candidato con planes más sólidos y con mejores argumentos. 
Apartado importante merece la Europa comunitaria. Fue el bloque que más minutos consumió del debate y es debido que no solo toca a las directivas comunitarias, sino que enmarca un debate identitario en el Reino Unido. Había tres posturas muy diferenciadas que iban del europeísmo de Clegg al euro-escepticismo de Cameron, pasando por el punto medio de Brown. 
El debate comenzó dejando las cosas claras. Los tres candidatos están de acuerdo en continuar siendo miembro de la Unión, es el cómo el que separa las tres posturas. David Cameron aboga por someter a referéndum cualquier cesión de soberanía que se haga a Bruselas y abogó por recuperar algunas de las cedidas. Fue acusado de ser un peligro para  el UK ante Bruselas, a lo que respondió que él era aliado del partido del difunto presidente polaco. Partido que por respeto al difunto nadie apuntó que abogaba por la pena de muerte y la penalización de la homosexualidad. Era el candidato con la opinión más populista, pero menos realista ya que, desde las elecciones al parlamento europeo, se ha separado del partido popular europeo para aliarse con partidos minoritarios, pro fascistas, xenófobos y racistas en muchos casos. Todo para poder pescar en el gran caladero euro escéptico de Reino Unido, pero que hará la tarea de relación con la UE muy difícil en caso de ganar las elecciones. Todo esto fue lo que le echó en cara el Primer Ministro para desautorizar a Cameron como el líder de un país socio de la UE. 
Clegg tenía una postura sin duda menos popular para el electorado británico. Defendía que Reino Unido debe estar más en Europa para liderarla y ser la protagonista de sus cambios, mensaje que el líder laborista obvio para presentar su postura: en punto medio entre europeísmo y euro escepticismo. Presentó su labor en la negociación de los asuntos que más beneficiaban a Inglaterra y no olvidó remarcar los asuntos en los que mantuvo a Reino Unido fuera por el bien de su país. Era sin duda la postura más fácil de defender sin caer en el populismo, la de mantener a Reino Unido en UE porque de ello dependían tres millones de puestos directos de trabajo. Defendió la participación de Reino Unido en la colaboración europea en materia penal como logro personal de la colaboración comunitaria y defendió mantener a la libra esterlina fuera del ecofin para mantener sana la economía británica y las señas de identidad a salvo a ese lado del canal. Fue muy hábil tomando lo que más beneficiaba a su discurso, algo que los otros candidatos pasaron por alto para intentar anularse el uno al otro. Brown también criticó la falta de realismo de Clegg mostrando que sus posturas anti americanas eran peligrosas si dirigía el Foreign Office. Por lo tanto Brown se mostró como el justo medio entre el peligro que Cameron suponía para las relaciones con Europa y el peligro que Clegg suponía para las relaciones trasatlánticas. 

En definitiva creo que Brown ha realizado un papel más que digno, creo que en ocasiones ha sido mejor que sus contrincantes, pero que le lastra el peso de trece años de gobierno. Como espectadores no estamos valorando a Brown con la misma vara de medir que a Clegg y a Cameron. Estamos comparando a dos candidatos con trece años de gobierno laborista, de cuyos errores no podemos culpar en exclusiva a Brown. Pero si juzgamos a Brown como mero candidato laborista veríamos que ha realizado un papel tan digno como el de sus competidores, pese a lo que indiquen las encuestas. 

jueves, 22 de abril de 2010

Nuevo mapa electoral

El debate del pasado jueves en Manchester fue el primer debate electoral de la larga historia de la democracia británica. Los viejos usos de la política británica hace que los debates televisados entre los contrincantes de los diversos partidos no se hayan producido. Muchas veces porque la distancia entre los contendientes era tan clara que uno de ellos se negaba a debatir para no perderla; bien porque no se ponían de acuerdo con el formato, bien porque, si iban muy igualados, no pensaban jugársela a una sola carta. Pero esta vez el planteamiento fue totalmente distinto, los contrincantes de ambos partidos están tan igualados que optaron por los debates como un mal menor, no tanto para auparse a sí mismos en las encuestas, como para sembrar el desconcierto en las filas electorales de los contrarios.
Gordon Brown tenía las de perder debido a su mal carácter y a la poca habilidad que tiene en los debates públicos, en los que suele perder los papeles y parecer autoritario. Pero los laboristas jugaron al viejo juego de las expectativas. Rebajaron tanto las expectativas de su candidato que con que no golpease al contrario lo considerarían una victoria y era el escenario más propicio para azuzar la campaña del miedo que tienen en marcha ante los peligros de un gobierno torie.
Los Tories aceptaron el debate porque confiaban en el éxito que el perfil telegénico y jovial podía darle. Además el formato del debate les beneficiaba mucho ya que era semejante a los debates parlamentarios de los Comunes que tan bien se le da a Cameron. Pensaban que era el escenario perfecto para noquear un Brown marrullero y poco hábil debatiendo y asentar la idea de que UK necesita un cambio real.
Ninguno de los esperaba sorpresas. La sorpresa la dio, y mucho, Nick Clegg, el candidato del partido Liberal-demócrata. Clegg ganó el debate y por goleada, no solo porque su mensaje fuera el más cabal. No solo porque su mensaje fuese más directo. No solo porque su mensaje no atacase a los demás partidos. Sino porque los contendientes Torie y Laborista se pasaron todo el debate echándose los trastos el uno al otro mientras que daban la razón en muchas ocasiones a Clegg.
Y sucedió que quien iba de comparsa convirtió en teloneros a los grandes candidatos. Todas las encuestas -punto arriba, punto abajo- dieron ganador del debate con números superores al 50% a Clegg. Ya fuese el pro Torie Telegraph, ya fuese el pro laborista Guardian. 
Pero los dos grandes partidos tardaron en reaccionar. No pensaron que la victoria en un debate fuese a cambiar mucho en el panorama electoral y menos cuando el ganador no era de ninguno de los grandes partidos, así que tardaron en contestar a Clegg. Una tardanza también achacable a que una ausencia de  respuesta a Clegg minimizaría los efectos de su victoria en el debate. Supongo que la ausencia de experiencia de los equipos de campaña en debates electoral alentó estas decisiones. 
Pero lo que si es cierto es que el primer debate electoral televisado ha cambiado el mapa electoral británico para estas elecciones. Muchos de los sondeos y encuestas realizados dan un empate técnico entre los laboristas y los liberal-demócratas debido al impacto del debate, por lo que los analistas han concluido que ha habido una fuga de electores de los laboristas (los que votaron al nuevo laborismo en 1997) a los lib-dem. Sea como fuere, la opción de un gobierno en coalición se afianza en la mente de ambos partidos, mientras que los Tories, una semana después, comienzan a atacar a Clegg como la auténtica amenaza que podría alejar a Cameron de Downing Street. 
He tardado en escribir este artículo porque quería ver como iban evolucionando las encuestas. Muchos analistas esperaban ver a los lib-dem como una especie de UPyD, es decir, un partido que simpatiza mucho en la población, pero que no logra cambiar el voto del electorado. Las encuestas a lo largo de esta semana están demostrando lo contrario. 
Por otra parte, aun queda mucho para las elecciones y hay varios factores que hay que tener en cuenta. A saber, los otros dos debates y la "sorpresa de octubre", en este caso la sorpresa de abril. 
Faltan dos debates más. El siguiente sobre política internacional y el último sobre economía y los jefes de campaña laborista y torie esperan anular el efecto del primer debate ya que son temas de partido de gobierno, donde las aportaciones de los lib-dem se hacen desde la perspectiva de quien ve los toros desde la barrera. De quien por ser un partido pequeño se puede permitir ciertas tendencias que en el gobierno se considerarían más irresponsables. 
En el debate sobre política internacional primará la guerra de Afganistán, la especial relación con Washington, la renovación del arsenal nuclear -el programa trident- y las relaciones con la UE. Hay muy pocas divergencias entre los líderes laborista y torie en estas cuestiones. Ambos están de acuerdo en renovar el programa trident, en mantener una relación especial con Washington y en seguir en Afganistán, aunque con ciertas divergencias sobre una posible retirada futura. 
Nick Clegg plantea una mayor divergencia, sin que su programa sea revolucionario. Es partidario de posponer la modernización del trident por motivos presupuestarios y es partidario de ir planteando una reducción paulatina en el número de efectivos británico en Afganistán hasta llegar a una total retirada. No obstante, está marcando distancia con Washington insistiendo en que esa relación es un corsé para que UK construya su propia política exterior. Aduce que la relación trasatlántica respondía a parámetros de necesidad marcados por la guerra fría. Parámetros que al haber terminado plantean al Forign Office una nueva política exterior. Pero la losa que tiene Clegg ante el electorado británico en Asuntos Exteriores es su supuesto europeísmo. De hecho, en las últimas horas Clegg ha tenido que declarar que no creía que fuera bueno que la libra se integrase en el Euro para calmar la llamada del terror eurocéntrico que el partido torie está desatando contra los lib-dem. Y es que es Europa el tema que más preocupa en el debate, ya que Cameron lleva meses (desde las elecciones europeas) pescando en el abundante banco de los euroescépticos que existe en la isla, por lo que el debate del jueves 22 va a ser muy interesante. Interesante será ver como intentan insultarse llamándose europeos unos a otros. En este sentido Brown puede sacar tajada, ya que no puede decirse que el gobierno laborista fuera muy europeista, puede mantener una postura más moderada frente al supuesto europeísmo de Clegg y el intransigente euroescepticismo de Cameron. Se verá.
Tampoco estamos exentos de lo que se denomina en política americana la "sorpresa de octubre", es decir, acontecimiento muy próximo a las elecciones que según sea abordado inclina la balanza hacia uno de los lados. Hay quien está viendo en la nube de humo islandesa y el aislamiento de muchos británicos esa "sorpresa de abril" ya que el Primer Ministro no ha dudado en salir raudo y veloz al rescate de los súbditos de SM por todo el mundo llegando a fletar buques de la Royal Navy para ir a buscarlos. Habrá que ver cómo repercute la resolución de la crisis aérea y los futuros debates en los sondeos para analizar con perspectiva si realmente Nick Clegg ha revolucionado el mapa electoral británico. 

lunes, 19 de abril de 2010

Basura en la Curia.

Son muchas las voces dentro de la Iglesia Católica y de la comunidad de fieles que, llevados por la histeria colectiva, aclamaban a Juan Pablo II "santo súbito" como ahora los compatriotas del presidente polaco muerto lo reclaman como rey taumatúrgico. Curioso que ambos personajes despierten la misma reacción teniendo tantas afinidades y con el mismo origen. Pero habría que ser muy cauto antes de elevar a alguien a los altares, a no ser que quiera poner una tarifa como se hizo con la canonización de San José María Escriba López, hombre humilde que se querelló con su hermano por un título nobiliario y se cambió el apellido. A no ser que la Iglesia católica caiga en la venta de indulgencias y de cargos tan propio de la baja Edad Media, debería ser más cuidadosa a la hora de llevar según y que prácticas. Juan Pablo, el buen polaco, había eliminado la figura del "abogado del diablo" para los procesos de canonización. A saber, persona que indaga en lo más sucio y oscuro del aspirante a Santo para exponer los más demoledores argumentos y así, en el caso de que se produzca la canonización, la comunidad eclesiástica tiene la completa certeza que ha pasado por todos los filtros posibles. Menos mal que su sucesor (aunque lo es de Pedro directamente, en realidad), más erudito que el polaco, ha tenido a bien restituir dicha figura. Pues bien, hagamos de abogado del diablo y tomemos con calma un pontificado que, si lo analizamos encontraremos más sombras que luces.
Los recientes abusos que han salido a la luz por gran parte del mundo católico están sacudiendo los cimientos de la Iglesia Católica y del pontificado de Benedicto XVI. Pero si somos un poco analíticos no deberíamos pararnos en la respuesta de la actual Curia, ya que este problema ha estallado ahora, pero se ha fraguado en el pontificado anterior, por lo que Benedicto no tiene culpa -o toda la culpa- de los sucesos que están saliendo a la luz. Ya que muchos de ellos fueron realizados con conocimiento del Santo Súbito y, peor todavía, muchos de ellos no solo fueron realizados con su conocimiento, sino que el mismo Santo Padre interfirió para ocultarlos. Una práctica que sin duda lo aleja del santo y lo acerca al polaco.
En este sentido tiene especial trascendencia los sucesos que rodean al fundador de los "legionarios de Cristo",  "congregación católica" a la que pertenecen unos 1300 religiosos y numerosos laicos por todo el mundo católico, José María Aznar o Ana Botella sin ir más lejos. Fundada en 1941 por Marcial Maciel, un protegido personal de Juan Pablo II, era un polígamo confeso al que se llegó a acusar de incesto.
Como el escándalo que ha estallado es supino, Benedicto no puede permitirse errores, por lo que se dispone a nombrar un comisario que para intervenir a los Legionarios, probablemente se trate de un Jesuita o un Dominico, ya que, según fuentes vaticanas, el Santo Padre quiere echar mano de quienes están más lejos de levantar sospechas. Y es que Benedicto se juega mucho con esta operación; de su éxito o fracaso depende el buen nombre de la Iglesia, al poder acallar o recrudecer las críticas.
Y es que la Iglesia de Juan Pablo II ha optado por el oropel, una vez más, a la hora de hacer Iglesia y Religión. Ha optado por el populismo que llenaba estadios para vaciar Iglesias y, ahora después de muerto, está saliendo a la luz parte de su obra. Se está viendo lentamente que el gran legado de Juan Pablo II fue arrastrar por el fango el buen nombre de la Iglesia Católica. Como Católico me repugna ver como bajo el pontificado de este hombre se produjeron no pocas irregularidades, como el blanqueo de dinero de la mafia por la banca ambrosiana, el apoyo directo a dictaduras que violaban los más básicos preceptos de la doctrina Cristiana y, sin ir más lejos, la protección del pedófilo y polígamo de Marcial Macel. Por tanto, dudo que Juan Pablo II superase cualquier análisis imparcial sobre su figura, por sus relaciones amistosas con siniestros dictadores o la inmisericorde execración de teólogos de la liberación a los que acusaba de hacer política en iberoamérica, él, el más político de los papas. 
Maciel fue uno de los grandes agitadores de masas del pontificado de Juan Pablo II y solo fue suspendido tras la muerte de su pontífice protector. Siempre llevó una doble o triple vida con cientos de agresiones sexuales probadas a menores y a seminaristas, relaciones carnales con varias mujeres, varios hijos y, se dice, un incesto con uno de ellos. A cambio de esta valiosa protección Maciel destinó cuantiosas sumas de dinero. El varticanista Filippo di Giacomo ironiza "Es una praxis cristiana dar dinero a la iglesia...lo extraordinario fue que gente como Ratzinger cuando llegaban los sobres decía no, gracias".
Parece que el meteórico camino a la santificación del polaco se complica, ya que no son pocos los colectivos católicos que empiezan a posicionarse en su contra. Tal es el caso del National Catholic Reporter cuyas investigaciones revelan que el popular Juan Pablo II amparó en la Curia "un círculo de podedumbre, transformó Roma en un vertedero universal"

Si bien la figura de Juan Pablo II tiene cierto paralelismo con la del rey Alfonso XIII. Un rey muy popular y viajero al que le encantaba ser político y, por eso mismo, llevó a la institución que encabezaba al desastre. Como católico lo que más me duele es que sea otro Pontífice el que tenga que recoger los platos rotos de una figura que, con el tiempo, pasará a formar parte como uno de los pontificados más corruptos de la Iglesia. Es complicado porque el listón estaba alto, pero por lo menos la venta de indulgencias y de cargos nos legó la Capilla Sixtina, la Basílica de San Pedro y las maravillosas colecciones de los museos vaticanos. Juan Pablo II solo nos legó a Maciel y sus legionarios de Cristo, una pobre herencia si lo pensamos bien.

lunes, 12 de abril de 2010

Negar la evidencia: la política exterior británica y Europa.

La relación del Reino Unido con la Europa comunitaria ha sido siempre difícil. No voy a entrar en los motivos, solo cómo afecta la política europea a las elecciones que se celebrarán el 6 de mayo. 
Sobre el tema ha llamado la atención el Historiador y Catedrático de Estudios Europeos Timothy Garton Ash que llama la atención sobre el silencio que el partido conservador británico está practicando respecto a un tema muy importante para el futuro de Gran Bretaña, mal que les pese a ellos. Y es que los conservadores lo tienen difícil para llevar a buen puerto los intereses británicos en Bruselas debido a las maniobras electorales realizadas en las elecciones al Parlamento Europeo. David Cameron y su ministro de exteriores en la sombra, William Hague, se desvincularon del grupo popular europeo en las pasadas elecciones para pescar votos en el gran caladero euroescéptico de Reino Unido. Tomaron prestados modos y discursos del partido para la independencia del reino unido (UKIP) para arañar unos cuantos escaños, ya que ni Hague ni Cameron pueden negar que gran parte del electorado británico simpatiza con la forma de pensar del UKIP,  reforzados por la gran presencia que tiene la prensa euroescéptica del país. 
Pero por mucho que le pese al electorado británico, a la prensa británica y al partido conservador, La Unión pesa y mucho en el futuro de la política exterior británica. Hague declaró hace no mucho que Europa era cada vez más pequeña en el mapa y, para acallar el debate comunitario, puso el acento en que UK debía trabajar más en las relaciones con los países emergentes y reforzar la colaboración con Estados Unidos. Pero si Europa es pequeña, no digamos esa isla y media perdida en medio del mar del norte. Cameron y Hague son conscientes que la relación "especial" que tienen con Estados Unidos es tanto más "especial" cuanto más peso tenga Londres en Bruselas y pueda influir en sus decisiones. Esto no es nuevo y, en su momento,  motivó el interés de la administración Kennedy al animar al Reino Unido a pedir el ingreso en el Mercado Común. Por tanto, reforzar la relación con Washington pasa por ser influyentes en Europa. Y aquí nuestro candidato conservador, David Cameron, tiene una losa más pesada con la que cargar que el Partido Laborista. Los conservadores eluden el debate europeo porque no les beneficia en nada de cara a las elecciones. El debate europeo supondría poner sobre la mesa la inmisericorde verdad: Reino Unido ya no constituye un imperio y si se quiere recortar el presupuesto en defensa para no dañar el resto de servicios sociales, hay que recurrir a una política exterior más consensuada con Bruselas si Londres no quiere perder su lugar en el mundo. No solo en cuanto a geopolítica es importante Europa para UK; Bruselas está preparando una directiva contra los fondos de alto riesgo que tanto gustan en la City londinense, va a entrar en vigor la orden europea sobre terrorismo de la que UK es parte y, al fin, habrá que abordar la importante negociación presupuestaria para el siguiente quinquenio. Por lo que el Reino Unido necesitará de todos los amigos que tienen en Europa -o que ya no tienen en el caso de que sean los tories quienes ganen las elecciones- si quiere que sus intereses salgan bien parados.
Pero los socios europeos de David Cameron no estan por labor de negociar nada, y menos hacer favores a un futurible primer ministro conservador. Sobretodo porque los conservadores abandonaron a cambio de un puñado de votos el grupo parlamentario del partido popular europeo que les asociaba directamente con los partidos gobernantes en Francia, Italia y Alemania. En su último viaje a Reino Unido la Canciller alemana Merkel ni siquiera se reunió con David Cameron, de manera que debemos creer a Cameron y Hague cuando dicen querer una política constructiva con Bruselas, y es que como posible ministro de exteriores no puede hacer otra cosa, con lo que el Partido Conservador se encuentra con respecto a Europa entre la espada y la pared. 
Es por todo esto que los conservadores quieren poner el acento en los puntos que tienen en común con laboristas y liberales: ayuda exterior hasta el 0'7%, plena participación en la guerra de Afganistán y renovación del programa nuclear trident. Pero es una cortina de humo para no abordar el verdadero debate sobre política exterior, donde si existen grandes diferencias. Diferencias que han estado persiguiendo a Reino Unido durante 50 años como señala Garton Ash: "afectan a todo, desde medio ambiente a economía, desde el crimen hasta la relación con Washington y serán decisivas para el destino de Albión. Los votantes británicos harán mal en ignorar el bozal de los tories. Es un perro que pronto volverá a morderles". (Citado por Timothy Garton Ash).

viernes, 9 de abril de 2010

El insumergible Gordon Brown y el enigmático David Cameron.


Lo que era un secreto a voces se ha desvelado al fin: la fecha del 6 de mayo como la elegida para celebrar los comicios británicos. Y la verdad es que son interesantes por muchas razones además de la aparente igualdad en sondeos. La larga duración de las legislaturas británicas -cinco años nada menos- hace que las elecciones se tomen en serio ante la perspectiva de aguantar a un lider por cinco años, ya que es muy poco corriente que se convoquen elecciones anticipadas porque el sistema electoral de mayoría deja poco margen a la elección de parlamentos débiles. En la historia reciente de UK solo ocurrió en 1974.
Otro elemento a tener en cuenta es la trayectoria de los líderes de ambos partidos. Hay quien opina que el electorado de Reino Unido es poco proclive al bipartidismo que se da en otros países; pero también hay analistas que creen que la victoria y transformación del laborismo por Blair ha transformado el mapa electoral británico hacia un bipartidismo más nítido -aunque sin afirmarlo- al abrir el tradicional obrerismo laborista a las clases medias. En este sentido ha avanzado Gordon Brown al redactar presupuestos más a la medida de las clases medias.
Un cambio que no se circunscribe al ámbito laborista, ya que el líder conservador David Cameron ha llevado a su partido hacia una modernización evidente, aunque Cameron ha hecho de la necesidad virtud al modernidad el partido. A pocos se nos escapa que los modos electorales británicos tienen muy poco que ver con los continentales y, pese a sus semejanzas con el sistema norteamericano, los británicos seguían teniendo una forma muy decimonónica de hacer política, no solo parlamentaria, sino también electoral. Las campañas de Tatcher en adelante siguen cargadas de naftalina electoral. Fue Tony Blair quien introdujo la nueva imagen electoral importada de Estados Unidos,  adelantándose a Obama con su aspecto juvenil y renovador. Era un cambio electoral que ya no tenía marcha atrás. El electorado joven que se había criado con la imagen de Blair es reticente a votar a los antiguos líderes de esos partidos de notables tan propios de la restauración del XIX. Es aqui donde entra David Cameron que acomete, al fin, la reforma de imagen que el partido conservador necestaba. Muy lejos quedaba para el electorado la imagen de Churchill, Eden o McMillan como iconos de la solvencia del Partido y, aunque resulta un referente de los conservadores, no era adecuado hacer de Tatcher bandera en algunos distritos electorales por los recortes que también sufrieron las clases medias.
Por lo que David Cameron era la pieza que el partido necesitaba para actualizarlo a los nuevos modos. Un político que encaja muy bien, ya que encarna ese espíritu jovial como si de un Tony Blair conservador se tratase. Su misión era doble, la modernización del partido y ganar las elecciones sin renunciar a la esencia del conservadurismo británico. David Cameron era ese hombre ya que sus orígenes acomodados y casado con una mujer que desciende de una de las familias más antiguas de Inglaterra le une con ese poso elitista que el Partido conservador no ha dejado de tener, pese a que urgía una modernización. Por lo tanto, modernidad y tradición elitista se unen en David Cameron haciéndolo un candidato solvente para los conservadores.
Pero entonces, ¿Qué ha fallado? ¿Qué ha pasado para que este candidato que subía como la espuma y que aventajaba a Brown en más de 20 puntos vea reducida esa ventaja a poco más de siete?

Pero no solo es en el seno del partido conservador en el que hay interrogantes sobre su líder. ¿Es Gordon Brown el candidato idóneo para el Patido Laborista? Pues la verdad es que el vuelco que han dado las encuestas dificulta la respuesta a esta pregunta que no poca gente sigue haciéndose. Parece que el aparato del Partido se ha pacificado desde los primeros conatos de rebeldía. Hubo intentos de convocar primarias, congresos y más congresos. Pero Gordon Brown se mantuvo en la cuerda floja durante dos terribles años de crisis y el que era un cadaver político, un lame duck, se ha convertido en un superviviente político que le ha dado la imagen de político solvente y decidido en el campo del rescate financiero y ha vendido con bastante éxito la idea de que al país en una época como esta no le viene nada bien los experimentos electorales.
También hay que tener en cuenta que Brown es el eterno número dos de esos dúos triunfantes en los que uno es la estrella mediática y el segundo el gestor en la sombra; pasó con Gonzalez-Guerra, Clinton-Gore, Brandt-Schmidt, etc donde cuando el segundo acaba accediendo al mando las cosas se tuercen. Aunque no sabemos si se tuercen porque los número dos deben seguir en la sombra o porque la cabeza del dúo ya ha dilapidado todo el capital político adquirido, caso de Clinton, González (aunque no con Guerra, sino con Almunia) y en este caso Brown.
El duro carácter del Primer Ministro no parece ser un elemento que juegue a su favor en los debates electorales que le quedan, que son los primeros celebrados en unas elecciones británicas. En ellos los tories tienen la intención de afianzar la distancia en las encuestas necesaria para formar gobierno. Son de sobra conocidos los arranques violentos de Gordon Brown que ha llegado a agarrar a un colaborador por las solapas mientras le gritaba que había una conspiración contra él. Es un Primer Ministro que amedrenta a su personal y que tiene el carácter y los modos de un barriobajero director de tabloide. Pero aunque no ayude en los debates ante un líder con una imagen claramente mejor que la suya, puede dar la imagen de líder duro necesario en tiempos duros. Es eso lo que parece que ha llevado a limar las disidencias internas en el Partido Laborista.

El fantasma del sistema electoral británico está presente en estas elecciones, si bien ya comentamos que se trata de un sistema mayoritario, también se trata de un sistema que juega a favor de los conservadores por la anticuada distribución de los distritos electorales, no modificada desde la I guerra mundial. Pero este anquilosamiento del sistema hace que el partido vencedor deba arrebatar al menos 117 diputados a su contrincante para formar gobierno. Gordon Brown ha propuesto un cambio en la redistribución de los distritos electorales para volcarlo hacia las grandes masas de población y así cortejar a los liberales-demócratas ante un posible caso de empate electoral. También se puede dar que, por las características del sistema, aunque Brown pierda el voto popular, siga aventajando a los Tories en diputados y, por tanto, sea el partido encargado de formar gobierno.
Sea como fuere el legado que habrá de gestionar el vencedor de las elecciones no es halagüeño. Se enfrenta a un período de recorte en el gasto público que no es prorrogable, ya que está próximo al 12 ó 13% del PIB.
Y es que la crisis ha acabado con el pacto tácito que se suscribió con Margaret Tatcher y que continuó con gobiernos de ambos colores. El gobierno hace oídos sordos a la manera de enriquecerse de la City londinense y ésta paga con los impuestos generados los proyectos de la clase política de Westminster. Pero con la caída de los principales bancos y de las operaciones financieras, los ingresos que el Gobierno recibía de la City se han reducido enormemente. Por lo que el gobierno que salga de las elecciones tendrá que recortar el espacio estatal en la próxima legislatura al 20% en la que, según los analistas, debe estar frente al actual 27%. 
Las próximas elecciones británicas dilucidarán quien ha de ser el gestor de un legado de cenizas, de un país al que la crisis económica ha plasmado la realidad de que ya no es un imperio y que para seguir teniendo una presencia exterior similar deberá asumir elevados costes a base de incrementar la carga fiscal, rebajar servicios o a base de más endeudamiento. Inglaterra tiene que elegir el modelo de país que quiere ser y un electorado desconfiado con su clase política no le permitirá grandes márgenes de maniobra; aunque bien es cierto que Reino Unido siempre ha sabido reinventarse a si mismo sin perder su esencia y sus tradiciones.  

Sea como fuere, se trata de las elecciones británicas más reñidas desde 1992 en donde John Major fue elegido por un estrecho margen y con las encuestas en contra. Es un escenario que ha mantenido las esperanzas laboristas y que ha mantenido un partido antaño desunido como un bloque. Ocurra lo que ocurra es muy edificante escribir y leer sobre elecciones. La democracia no solo es el sistema menos malo de todos, es aquel que permite desarrollar la creatividad política del ser humano.

lunes, 5 de abril de 2010

El comunismo del Dólar.



El premio Nobel de Economía Paul Krugman ha llamado la atención sobre la más descabellada y casi fraudulenta política cambista de la economía moderna. Las economías occidentales se están percatando del lastre que supone la política cambista china para la recuperación económica.  El empeño de china de mantener infravalorada su divisa: el yuan o renminbi, está retrasando la recuperación económica mundial. 
Paul Krugman ha denunciado en varios artículos del New York Times el hecho de que, desde 2003, china está vendiendo yuanes y comprando dólares para mantener su divisa devaluada y favorecer sus exportaciones. Añadiendo con esta operación unos 10.000 millones de dólares mensuales a sus reservas y creando un superávit de 46.000 millones de dólares en 2003. Así Pekín mataba dos pájaros de un tiro, ahorraba y mantenía sus exportaciones en un nivel más competitivo al comprarse al bajo precio de la divisa china. Eso sucedía en 2003, hoy china añade más de 30.000 millones de dólares al mes a unas reservas que ya ascienden a más de 2'4 billones de dólares, calculando que en 2010 china tendrá un superávit de más de 450.000 millones de dólares gracias a la política cambista  de lo más distorsionadora. 
Pero esta política lastra gravemente la recuperación de la economía mundial porque las economías desarrolladas están atrapadas en una trampa de liquidez, buscan una liquidez que ya no pueden conseguir bajando los tipos de interés que están muy próximos a cero, con lo que es china quien se lleva esa liquidez con su política comercial. Por lo tanto ¿Cómo debería reaccionar occidente? 
Paul Krugman llama la atención al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que ha de dejar de "escurrir el bulto" y tomar medidas muy serias para que otro estado deje lastrar la recuperación económica mundial a costa de su moneda. 
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha de informar al Congreso de Estados Unidos dos veces al año sobre el estado del cambio de su divisa, por si alguna nación extranjera estuviera manipulando los tipos de cambio para obtener una ventaja competitiva en el comercio internacional. No se trata de una declaración política, aunque china lo vea como tal. Se trata de una declaración económica objetiva que sirve para que el Departamento del Tesoro y el Congreso de Estados Unidos actúe contra este secuestro de su divisa. Pero el Departamento del Tesoro ha estado cerrando los ojos durante los pasados siete años, hasta que este Enero al fin ha decidido identificar el problema. Habrá que esperar hasta el próximo informe del 15 de abril para ver como evolucionan los acontecimientos.
Parece que la opinión más extendida es que china tiene cogido a Estados Unidos y, con él, a occidente por donde más nos duele; y que no debemos soliviantar a china para que no cierre la caja del primer acreedor del mundo, un mundo endeudado porque es precisamente china quien no suelta las divisas, No hay circulación de dinero porque china lo acapara para luego prestarlo. ¿Cómo romper este círculo?
Paul Krugman defiende que las consecuencias corto-medio plazo de la venta masiva de dólares que posee china no iba a aumentar los tipos de interés hasta unas cifras relativamente altas ya que en Estados Unidos están muy cercanas a cero. Por lo que hay que forzar a china a que venda sus divisas. Tal vez aplicando una política inflacionista que haga descender el valor del dólar y obligue a china a desprenderse de sus reservas de divisas ante la disyuntiva de quedárselas y perder dinero o deshacerse de ellas. Es cierto que el hecho de que china se deshaga de sus reservas en dólares haría caer su valor respecto al dólar, pero con la crisis de producción en la que nos encontramos, haría que los productos estadounidenses fueran más competitivos frente a los europeos y eso reduciría el déficit comercial de Estados Unidos. Sería malo para china que perdería sus reservas de dólares. 
Krugman defiende dejar de contemporizar con china porque, según él, el Tesoro lleva demasiados años contemporizando y china sigue a lo suyo sin cejar en su política cambista. El Instituto de Economía Internacional Peterson ha estimado que el Yuan está entre un 20% y un 40% infravalorado con el único fin de aumentar las exportaciones chinas. Las medidas que ya adoptó el Tesoro en los años setenta ante un caso similar fue gravar las importaciones con un impuesto de un 10% hasta que las divisas de Alemania y Japón aumentaran su precio en dólares. Parece improbable que china reaccione sino es con una amenaza muy seria, es decir, con un gravamen a las importaciones chinas de un importe mucho más elevado que el 10%. 

Paul Krugman defiende un endurecimiento de la política con china debido a que está lastrando la recuperación económica mundial. Hace mucho tiempo que china juega con dos barajas, hasta su propio sistema lo promueve con el eslogan un país, dos sistemas. Es hora de hacer saber a china que ha de jugar con las reglas de la economía de mercado y que es, en realidad, el Tesoro quien tiene agarrada a china por donde más le duele, solo hace falta apretar un poco.